Declaración preparada por laComunidad Internacional Baháí para el Seminario Regional Europeo para el AñoInternacional de la Paz
Viena, AustriaLa consideración de loscomponentes que deben incluirse en el proceso de preparación para vivir en pazse ocupa más frecuentemente de la estructura de la sociedad que se requierereordenar o recrear que de las faltas perturbadoras de la conducta individualque hacen imposibles o al menos improbables los actos de cooperación en quese debe basar una sociedad mundial estable que disfrute de la seguridad y lapaz internacional.
En consecuencia, la ComunidadInternacional Baháí desea referirse a algunos de los elementos de lapersonalidad humana que se han de enfrentar a fin de establecer una interacciónarmoniosa entre el individuo y la sociedad.
La educación desde la infancia esuna comprensión básica de la relación entre los pueblos y las culturas, queinsiste en la búsqueda del denominador común de todas las personas, es ennuestra opinión el requisito previo básico. Creemos que despojar al ser humanode sus identidades accidentales de raza, nacionalidad, religión, clase o sexo yhallar en cada persona las necesidades y las potencialidades intelectuales,emocionales y físicos básicos es un proceso necesario que lleva a laerradicación de todos los prejuicios que impiden que los seres humanos trabajenjuntos para construir una paz mundial.
Porque es convicción de laComunidad Internacional Baháí, como se expresa en los Escritos Baháís, que:
«la gloria del hombre se basa ensus conocimientos, su recta conducta, su carácter encomendable, su sabiduría, yno en su nacionalidad o su rango».
Y, además, que:«quienes estén dotados desinceridad y fidelidad deben asociarse con todos los pueblos y personas afinesde la tierra con alegría y esplendor en la medida en que relacionarse conpersonas ha promovido y seguirá promoviendo la unidad y la armonía, que a suvez son conducentes al mantenimiento del orden en el mundo y a la regeneraciónde naciones.»
En el proceso educacionalanteriormente mencionado es importante considerar la contribución que la mujerpuede hacer al fortalecimiento de la paz y la seguridad internacional y alograr una sociedad mundial en que se encarnen las características y lasaspiraciones más nobles de la raza humana, una sociedad que a su vez nutre eldespliegue de toda la gama de talentos individuales.
En nuestra opinión, sólo con laplena participación de la mujer en los asuntos del planeta se podrá lograr lapaz mundial. Y la clave para esta participación esencial de la mujer en elestablecimiento del orden mundial será la educación que se imparta a todos losseres humanos, independientemente de su sexo, raza, nacionalidad, clase oreligión. La necesidad de tal acción se expresa claramente en el siguientepasaje de las escrituras Baháís:
«Cuando toda la humanidad recibala misma oportunidad de educación y se haga realidad la igualdad del hombre yla mujer, se habrán destruido totalmente las bases de la guerra La igualdad delhombre y la mujer es conducente a la abolición de la guerra, por cuanto lamujer nunca estará dispuesta a aprobarla.»
El principio de la igualdad dederechos, privilegios y oportunidades de ambos sexos es uno de los principiosfundamentales de la Fe Baháí. Este principio esencial para la unidad de lahumanidad y el establecimiento de la paz universal ha sido promovidoactivamente por los Baháís durante más de cien años. A medida que las mujereshan participado más intensamente en la solución de los muchos problemasmundiales que enfrentamos hoy en día, es alentador señalar, como lo mencionó laComunidad Internacional Baháí en una declaración presentada al 30° período desesiones de la Comisión de la Condición de la Mujer (E/CN.6/1984/NGO.1) conrespecto a la relación de la mujer con la paz, que:
«las tendencias no agresivas dela mujer, que por su naturaleza procura utilizar medios cooperativos en lasolución de esos problemas, están comenzando a recibir el reconocimiento de lassociedades que intentan resolver conflictos por medios pacíficos».
En nuestra etapa de lacivilización humana se considera que la cooperación es un elemento fundamentalque logra una unidad compleja pero interesante mediante la diversidad, querecoge la riqueza de los antecedentes y culturas humanas para integrarlos en unpatrón planetario de derecho internacional y orden mundial y el surgimientoeventual de una civilización mundial. En el primer trimestre de este sigloAbdul-Bahá, hijo de Baháulláh, el Fundador de la Fe Baháí, ya había dadotestimonio claro de este patrón al observar:
«El mundo en el pasado ha sidodominado por la fuerza y el hombre ha dominado a la mujer en razón de suscualidades más enérgicas y agresivas tanto de cuerpo como de mente. Pero labalanza ya comienza a cambiar, la fuerza pierde su peso y la viveza mental, laintuición y las cualidades espirituales de amor y servicio, en las que esfuerte la mujer, comienzan a predominar. De ahí que la nueva edad será menosmasculina y más impregnada por los ideales femeninos o, para hablar de unamanera más precisa, será una edad en que los elementos masculinos y femeninosde la civilización se equilibrarán de manera más apropiada».
Sin embargo, parecería bastanteclaro que no será posible que la civilización presente y futura se beneficie deeste equilibrio entre lo masculino y lo femenino si no se hace un esfuerzoextraordinario para brindar educación a la mujer en todo el planeta inclusopara favorecer la educación de la mujer desde la infancia más temprana demanera que se pueda desarrollar plenamente el potencial de esta mitad de laraza humana y hacerlo realidad en la solución de los problemas mundiales y enel establecimiento de la paz mundial. En nuestra opinión, este podría ser unode los impulsos del Año Internacional de la Paz, explorar completamente losmétodos que alcancen este equilibrio justo de educación para los niños y lasniñas de la familia, de la comunidad y de la nación, así como las medidasrecomendadas. No se trata sólo de la participación de la mujer como madre ytutor en el desarrollo de las cualidades apropiadas de los niños a fin de quelleguen a ser agentes de la paz, sino de la influencia de la mujer en losasuntos mundiales mediante su participación en toda esfera de actividad en unpie de plena igualdad con el hombre, que es también un elemento esencial parasuperar la guerra de una vez por todas.
Además, la mujer puede ayudar arevertir una filosofía predominante de la vida que presume que los seres humanosson cautivos del mundo natural y que la conducta humana debe parecerse enconsecuencia a la de los animales; ya que la lucha consiguiente por la riquezamaterial es muy conocida por la mujer, que desde hace mucho tiempo ha sidovíctima de un sistema que valora la productividad material como señal deléxito, pero que no lleva a la seguridad, la felicidad ni el bienestar de nadie.
La Comunidad Internacional Baháíopina que la lucha de un grupo, clase o raza por el control o la ventaja sobreotros a fin de obtener un beneficio económico sirve sólo para aumentar ladivisión, profundizar los prejuicios y fomentar el aspecto competitivo de lanaturaleza humana. En lugar de ello, una filosofía basada en la nobleza del serhumano y en el desarrollo de su naturaleza espiritual superior puede dar unanueva visión y educación esenciales a los pueblos y gobiernos de nuestrotiempo.
Si la mujer y el hombre pudieran propiciar una visión tal de la vida por todos los medios disponibles,pronto resultaría posible una rápida transformación de la sociedad. Esa acción,como expresamos en nuestra declaración formulada ante la Comisión de laCondición de la Mujer, mencionada anteriormente:
«aseguraría el desarrollo de losvalores morales y espirituales, que son tan esenciales si la educación ha depromover la paz; ayudaría a lograr la igualdad de los sexos, cimentando lasociedad que debe existir entre el hombre y la mujer; reduciría la rivalidad yla lucha por el poder entre grupos hostiles que procuren ejercer el dominio unossobre otros; y, finalmente, haría posible la creación de un sistema eficaz deseguridad colectiva para mantener la paz entre los estados, por tanto, en unmundo unido ninguna nación agresora podría destruir a otra, ya que todos losdemás países actuarían al unísono, por conducta de un organismo internacional,para prevenir esa agresión».
Hay gran necesidad en nuestromundo actual de incluir en la educación criterios cooperativos que impliquen elrespeto por la realización potencial de las cualidades supremas de todo serhumano. Hemos llegado a la conclusión de que la actitud de cooperación y elrespeto por los demás en la familia estimula la aceptación de los derechos detodos: el respeto por los niños y la mujer se realza en familias cuyos valoresmorales y espirituales fundamentan la preocupación por el bienestar material.Además, cuando esas actitudes se extienden desde la familia a la nación y almundo, contienen una gran promesa de reducir y, en definitiva, eliminar losprejuicios divisionistas que han inhibido gravemente el crecimiento y eldesarrollo.
Aunque la Comunidad InternacionalBaháí apoya programas especiales para el desarrollo de la mujer, laexperiencia de las comunidades Baháís ha revelado que, si esos programas noeducan también al hombre en la igualdad de los sexos, haciendo que acepten estejusto principio, fracasarán, ya que la condición saludable de la familia, comounidad básica de la sociedad, requiere la contribución compartida tanto delhombre como de la mujer. Cuando la estructura y la influencia de la familia sondébiles, los problemas se multiplican, especialmente para los niños losadultos del mundo del mañana.
Si el Año Internacional de la Pazpuede alentar programas que subrayen una conciencia en crecimiento de la interdependenciay la unicidad orgánica de la humanidad, estimularán condiciones en que la pazsea posible. Porque nos parece que necesitamos con urgencia cada vez máspersonas que aprendan el respeto por los derechos de los demás, asuman laresponsabilidad de desarrollar un buen carácter y estén dispuestas a dedicarse,en el espíritu de servicio, a los intereses de toda la humanidad.
Documento BIC #85-0506S