Declaración a la 11a Sesión de Ministros delConsejo Mundial de la Alimentación de las Naciones Unidas
París, FranciaLa Comunidad Internacional Baháí tiene un profundo interés enla lucha contra el hambre y el abastecimiento de alimentos adecuados para todoslos miembros de la raza humana, y está empeñada en ello. En consecuencia, hemosparticipado cada vez en mayor medida en las sesiones y seguimos conreconocimiento las actividades del Consejo Mundial de la Alimentaciónencaminadas a desarrollar, continuar y coordinar las políticas y tareas paratomar las medidas constructivas internacionales con relación a la producción ydistribución de alimentos. La meta fijada el año anterior por el CMA para quela comunidad internacional reiterara su compromiso de eliminar el hambre y ladesnutrición en todo el mundo durante los próximos quince años es muybienvenida, y su realización representaría el cumplimiento de un sueño humanomuy preciado. Dentro del espíritu de cooperación deseamos hacer algunoscomentarios destacando lo que creemos son los factores más importantes en el logrode un planeta libre del hambre.
Aunque ha habido una reducción alentadora de la tasa demuertes causadas por el hambre en las últimas décadas, el número de personasdesnutridas en el mundo no ha sido nunca tan elevado como en el presente. Losestudios han revelado que el hambre sigue siendo un problema básico en lamayoría de los países del mundo que cuentan con aproximadamente la mitad de lapoblación mundial [1]. Quince millones de muertes anuales por hambrede niños menores de 5 años de edad ejemplifica la espantosa magnitud delproblema. Ya que el total de las provisiones alimenticias del planeta sonsuficientes para satisfacer las necesidades nutritivas de todos, la calamidadhumana del hambre manifiesta la necesidad de reorientar la economía de la produccióny distribución de alimentos en aras del bienestar humano. La conquistauniversal del hambre y el establecimiento de la seguridad de alimentos paratodo el mundo requiere, por lo tanto, que avancemos hacia la solidaridad humanay económica internacional. No actuar en este sentido podría causar un graveperjuicio en la lucha que llevamos contra el hambre.
No obstante, en las últimas décadas se han realizado adelantosnotorios en el tipo de «espíritu de solidaridad mundial» previsto en losEscritos Baháís como «surgido espontáneamente del tumulto de una sociedaddesorganizada», y como un proceso «que debe atraer cada vez más la atención delos guardianes de los destinos de los pueblos y las naciones». Tal vez puedaverse más claramente esta solidaridad internacional en los diversosinstrumentos de derechos humanos aprobados por los gobiernos del mundo en elcontexto de las Naciones Unidas, entre ellos la Declaración Universal deDerechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales yCulturales. En el Artículo 11 del Pacto se incluye el reconocimiento del«derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre», yrequiere, entre otras cosas, que los Estados partes reconozcan «el derecho detoda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, inclusoalimentación adecuada», y que «tomarán las medidas apropiadas para asegurar elestablecimiento de este derecho». Por consiguiente, puede concluirse que elderecho a la alimentación adecuada es un derecho humano que se ha incorporadofirmemente en el derecho internacional, un logro que refleja claramente unaevolución importante de la conciencia del hombre en un período de tiemporelativamente breve.
Esta conciencia creciente del carácter unido de la humanidad ysu compromiso concomitante con la solidaridad en acción debe promoverse todavíamás hasta que pase a ser un valor común firmemente acatado por toda lahumanidad, ya que es de importancia crucial para el cumplimiento de laresponsabilidad global y para la administración fructuosa de los asuntosmundiales, entre ellos una ofensiva coordinada contra el problema de laalimentación. Esto último requiere, además, una visión general del desarrollo,que debe incluir no sólo factores relacionados con el crecimiento económico,sino también valores fundamentales como la justicia, la equidad, la igualdaddel hombre y la mujer, la cooperación y el respeto por la naturaleza. Por lotanto, se requiere con urgencia educación para el desarrollo en el sentido másprofundo de la expresión, centrado en el desarrollo humano tanto como en elsocial y económico. Ello incluye una orientación educacional que ayude alhombre a superarse y a integrar los pedazos a veces fragmentados de lacomprensión y el conocimiento modernos y le asista a dirigirse hacia lacreación de un bienestar social auténtico en que se cumplan tanto lasnecesidades del cuerpo como las del espíritu. El concepto baháí del desarrolloes que todo ser humano y, por lo tanto, la humanidad en su conjunto, tiene un potencialilimitado para el desarrollo y una necesidad espiritual interior de hacerrealidad esa capacidad latente con el propósito de servir a la humanidad. En lavisión baháí no hay «mayor bendición concebible para el hombre que llegar aser la causa de la educación, el desarrollo, la prosperidad y el honor de suscongéneres». Esta comprensión puede dar a los seres humanos el incentivo «paraelevarse y dedicarse enérgicamente al servicio de las masas, olvidando supropio beneficio material y trabajando sólo para servir el bien general».
Las dos dimensiones principales del problema de laalimentación, o sea, de producción y de distribución, deben verse desde elpunto de vista de los principios anteriormente mencionados con respecto a laperspectiva mundial y un enfoque cabal del desarrollo. El nivel inadecuado dela producción de alimentos en algunas partes del mundo, particularmente en laagricultura campesina de los países en vías de desarrollo, debe contrarrestarsefundamentalmente asignando mayor prestigio social al sector agrícola yprestando más atención a las necesidades y los deseos de los agricultores. Debeseñalarse que la agricultura es en cierto sentido la médula y los cimientos dela economía y que hay que tenerla plenamente en cuenta tanto al formular lapolítica general como en su ejecución. Desde el punto de vista baháí, a fin delograr la equidad y obtener para todos los miembros de la sociedad «la mayorprosperidad y el mayor bienestar debemos comenzar por los campesinos; ahíecharemos los cimientos de un sistema y un orden porque la clase campesina y laclase agrícola superan a las demás clases en la importancia de sus servicios».
Con este sistema general, que prestaría apoyo social,económico y de infraestructura a la agricultura, se daría importancia aestimular y facilitar la realización personal, la participación popular y lacooperación en el plano local. Para surtir el efecto deseado este procesodebería dar como resultado que las personas tomen iniciativa propia y haganesfuerzos en organizarse para fortalecer su capacidad de planificar y ejecutaractividades encaminadas a lograr la habilidad de valerse por sí mismos, laautosuficiencia y un mayor bienestar para todos. El papel de la mujer en laszonas rurales, que con tanta frecuencia se descuida, reviste particularimportancia en este contexto. La mujer ocupa normalmente un papel fundamentaltanto en la producción como en la distribución de alimentos, y se le debeprestar el apoyo y la capacitación debidos, a fin de asegurar una cantidad ycalidad adecuadas de alimentos, y que también se comparta equitativamente lacomida dentro de la familia.
Debe considerarse, en nuestra opinión, la cuestión de ladistribución de alimentos en el contexto de la necesidad de reducir losextremos de riqueza y pobreza en los planos nacional e internacional. La metainicial sería de asegurar el derecho a los alimentos y otras necesidadesfundamentales para todos y, a la larga, el bienestar y la prosperidaduniversal. Para ello serán necesarios la organización de los recursosmateriales del mundo en beneficio de todos, el libre comercio para estimular eldesarrollo económico y un sistema de reservas de productos básicos esencialespara prevenir la escasez. En la esfera fundamental del almacenamiento y ladistribución debe darse mucha importancia a las medidas comunales de seguridadde alimentos en forma de graneros para la autosuficiencia en el plano local.Las medidas de redistribución orientadas a los recursos financieros han decorresponder a las necesidades biológicas, en comparación con la situaciónactual en que una proporción considerable de la población mundial carece delpoder adquisitivo para obtener los alimentos que requiere.
Se reconoce ampliamente que la humanidad está pasando por unproceso de transformación universal, sin precedentes tanto en su escala mundialcomo en su ritmo explosivo. Nunca antes ha tenido tanta necesidad la humanidadde renovar su pensamiento, de una filosofía de acción para hacer frente a lasfricciones sociales omnipresentes que podrían llegar a destruirnos como sereshumanos. Se reconoce cada vez más que la erradicación del hambre es tanto unimperativo moral como un factor sumamente importante en la creación deestabilidad social en un mundo interdependiente. Sólo una estrategia mundial dedesarrollo capaz de movilizar nuestra capacidad espiritual e intelectual, asícomo todos los elementos de la producción, en aras de toda la raza humana,puede eliminar del mundo el subdesarrollo y el hambre.
El Consejo Mundial de Alimentación ha recibido un mandato yestá en buena posición para representar un papel cada vez más importante en laformulación y promoción de una estrategia efectiva y mundial de alimentos.Dicha estrategia podría incluir el beneficio de un aumento en la información yeducación con respecto a los alimentos y, en paralelo con una concientizacióncada vez mayor de la insostenible esclavitud biológica que constituye el azotedel hambre, la formulación de políticas y medidas de distribución capaces dehacer frente al desafío. Los organismos de las Naciones Unidas podrían realizaruna campaña mundial de información y educación en colaboración con gobiernosmiembros y organizaciones no gubernamentales. Ello podría fomentar unacomprensión más amplia de este gran problema desafiante y dar como resultado uncompromiso suficiente para tender las bases de la realización de la meta loablede erradicar el hambre y la desnutrición a fines del siglo, tal como lo haprevisto el Consejo Mundial de la Alimentación. La Comunidad InternacionalBaháí, con su experiencia centenaria en el fomento de la solidaridad mundial yen la promoción de la aceptación universal de los derechos humanos de todos losmiembros de la humanidad, está dispuesta a hacer su contribución a este proceso.
1. The Decline in Hunger-Related Deaths, The Hunger Project Papers, No. 2, mayo de 1984, de Roy L. Prosterman.
* De los Escritos Baháís.