Selecci�n de Cartas de la Casa Universal de Justicia 57
Selecci�n de Cartas Escritas de parte de la�ste es el d�a en que los m�s excelentes favores de Dios han sido derramados sobre los hombres, D�a en que su poderos�sima gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas. In�cumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferen�cias y, con perfecta unidad y paz, morar bajo la sombra del �rbol de su cui�dado y amorosa bondad. Les incumbe aferrarse a todo aquello que, en este D�a, conduzca a la exaltaci�n de su posici�n y la promoci�n de sus mejores intereses.
Dios, al enviar sus Profetas a los hombres, tiene dos pro�p�si�tos. El primero es liberar a los hijos de los hombres de la oscuri�dad de la ignorancia y guiarlos a la luz del verdadero en�tendi�miento. El segundo es asegurar la paz y tranquilidad del g�nero humano y proveer todos los medios por los cuales puedan �stas ser establecidas.
�Oh vosotros que mor�is en la tierra! El rasgo distintivo que marca el car�cter preeminente de esta Suprema Revelaci�n con�siste en que hemos sentado los requisitos esenciales de la conduc�ta, entendimiento y de completa y permanente unidad. Venturo�sos quienes guardan mis mandamientos.
El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para la paz y tranquilidad del mundo y el adelanto de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el tiempo en que la imperativa necesidad de tener una concentraci�n amplia y abierta a todos los hom�bres ser� universalmente comprendida. Los gobernantes y re�yes de la tierra deben necesariamente concurrir a ella y, partici�pando en sus deliberaciones, deben considerar los procedi�mien�tos y medios que establezcan entre los hombres los fun-damen�tos de la Gran Paz mundial. Tal paz exige que las Gran�des Po-tencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tie�rra, estar completa�mente reconciliadas entre s�. Si alg�n rey tomare sus armas con�tra otro, todos deber�n levantarse unidos e imped�rselo; si esto se hace, las naciones del mundo ya no ne�cesitar�n armamento, salvo con el fin de preservar la seguri�dad de sus reinos y mantener el orden interno dentro de sus territorios. Esto asegurar� la paz y la calma de todos los pue�blos, Gobiernos y naciones. Esperamos que los reyes y go�ber�nantes de la tierra, los espejos del dadivoso y omnipotente nombre de Dios, puedan alcanzar esta posici�n y escudar a la humanidad de la embestida de la tiran�a... Se apro�xima el d�a en que todos los pueblos de la tierra habr�n adoptado un idioma universal y una escritura com�n. Cuando se haya lo�grado esto, a cualquier ciudad que uno viaje ser� como llegar a la tierra nativa. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esen�ciales. Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y com�prensi�n esforzarse por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acci�n... Es de hecho un hombre quien hoy se dedi�ca al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice nueva�mente: Bienaven�turado y feliz es aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tie�rra. En otro pasaje �l ha proclamado: No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo entero. La tie�rra es un solo pa�s y la huma�nidad sus ciudadanos.
�Oh gobernantes de la tierra! �Por qu� hab�is ofuscado el res�plandor del Sol y hecho que deje de brillar? Escuchad el consejo que os da la Pluma del Alt�simo, que quiz� tanto voso�tros como los pobres pod�is lograr tranquilidad y paz. Implo�ramos a Dios que ayude a los reyes de la tierra a establecer la paz en el mundo. �l verdaderamente hace lo que es su Volun�tad.
�Oh reyes de la tierra! Vemos que aument�is vues�tros gas�tos cada a�o, y coloc�is su carga sobre vuestros s�bditos. Esto, ver�daderamente, es total y gravemente in�justo. Temed los suspiros y l�grimas de este Agraviado, y no coloqu�is cargas excesivas so�bre vuestros pueblos. No les saque�is para levan�tar palacios para vosotros mismos; no, m�s bien escoged para ellos aquello que es�cog�is para vosotros mismos. As� desple�gamos ante vuestros ojos lo que os beneficia, si s�lo percibie�rais. Vuestros pueblos son vuestro tesoro. Tened cuidado, no sea que vuestro imperio viole los mandamientos de Dios y en�tre�gu�is a los que es�t�n bajo vues�tra tutela en manos del sa�queador. Por ellos gobern�is, por medio de ellos subsist�s, con su ayuda con�quist�is. Sin embargo, �con cu�nto desd�n los mi�r�is! �Cu�n extra�o es, cu�n sumamente ex�tra�o!
Ahora que hab�is rechazado la M�s Grande Paz, afe�rraos a esta la Paz Menor, para que quiz�s pod�is mejorar en cierto grado vuestra propia condici�n y la de quienes dependen de vo�sotros.
�Oh gobernantes de la tierra! Reconciliaos entre voso�tros, para que no necesit�is m�s de armamentos salvo en la medida en que lo exija la protecci�n de vuestros territorios y dominios. Cuidado, no sea que desestim�is el consejo del Omnisciente, el Fiel.
Manteneos unidos, oh reyes de la tierra, pues con ello la tem�pestad de la discordia ser� acallada entre vosotros y vues�tros pueblos encontrar�n descanso, si sois de aquellos que compren�den. Si uno de entre vosotros tomare armas contra otro, levantaos todos contra �l, pues esto no es sino justicia manifiesta.
El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inal�can�zables a menos que su unidad sea firmemente estable�cida. Esta unidad no podr� jam�s lograrse mientras se permita que los con�sejos que ha revelado la Pluma del Alt�simo pasen desa�ten�di�dos.
Imploramos a Dios -exaltada sea su gloria- y abrigamos la es�peranza de que �l asista benignamente a las manifestaciones de afluencia y poder y a las auroras de soberan�a y gloria, los re�yes de la tierra -que Dios les ayude con su gracia fortalecedo�ra-, a es�tablecer la Paz Menor. En verdad, �ste es el mayor medio de ase�gurar la tranquilidad de las naciones. Incumbe a los so�beranos del mundo -que Dios les asista- que un�nime�mente se aferren a esta Paz, pues es el principal instrumento para la protec�ci�n de toda la humanidad. Es nuestra esperanza que se levan�tar�n para lograr lo que conduzca al bienestar del hombre. Es su deber con�vocar una asamblea universal a la cual asistan ellos mismos o sus ministros, y poner en vigor todas las medi�das necesarias para es-tablecer la unidad y concordia entre los hombres. Ellos deben abandonar las armas y los equipos b�li�cos, porque no ser�n nece�sarios m�s all� de los requeri�mientos para ga�rantizar la seguridad interna de sus respectivos pa�ses. Si ellos logran esta excelent�si�ma bendici�n, el pueblo de cada naci�n se dedicar� con tranqui�lidad y satisfacci�n a sus propias ocu-paciones, y los quejidos y lamentos de la ma�yor�a de los hom�bres ser�n silenciados. Pedi�mos a Dios que les ayude a hacer su voluntad y placer. Verdade�ramente, �l es el Se�or del trono en lo alto y abajo en la tierra, y el Se�or de este mundo y del venidero. Ser�a preferible y m�s ade�cuado que los honorables reyes asistiesen personalmente a tal asamblea y proclamasen sus edictos. En verdad, cualquier rey que se le�vante y lleve a cabo esta tarea se convertir�, ante los ojos de Dios, en el adalid de todos los reyes. �Feliz es �l y grande su bienaventuranza!
La sexta Buena Nueva es el establecimiento de la Paz Me�nor, cuyos detalles han sido anteriormente revelados por nues�tra Exaltad�sima Pluma. Grande es la bendici�n de aquel que la sos�tenga y observe todo cuanto ha sido ordenado por Dios, el Om�nisciente, el Omnisapiente.
Es deseable la moderaci�n en todos los asuntos. Si una cosa es llevada al exceso, ser� fuente de perjuicio. Considerad c�mo la civilizaci�n de Occidente ha agitado y alarmado a los pue�blos del mundo. Una m�quina infernal ha sido inventada y ha resultado ser un arma de destrucci�n como nadie ha visto ni o�do cosa igual. La depuraci�n de tan profundamente arraiga�das y abru�madoras corrupciones no puede llevarse a cabo, a menos que los pueblos del mundo se unan en la consecuci�n de una meta co�m�n y abracen una fe universal. Inclinad vues�tros o�dos al Lla�mamiento de este Agraviado y adher�os fir�memente a la Paz Me�nor.
Primero: es de incumbencia de los ministros de la Casa de Justicia la promoci�n de la Paz Menor, para que el pueblo de la tierra pueda ser liberado de la carga de gastos exorbitantes. Este asunto es imperativo y absolutamente esencial, por cuanto las hostilidades y el conflicto son causa de aflicci�n y calami�dad.
En la abundancia de nuestro favor y amorosa bondad, he�mos revelado, especialmente para los gobernantes y ministros del mundo, aquello que conduce a la seguridad y protecci�n, a la tranquilidad y paz; quiz� los hijos de los hombres puedan ser resguardados de los males de la opresi�n. �l, verdadera�mente, es el Protector, el Auxiliador, el Otorgador de victoria. Es de la in�cumbencia de los hombres de la Casa de Justicia de Dios fijar su mirada d�a y noche sobre aquello que ha emanado de la Pluma de Gloria para la instrucci�n de los pueblos, la edificaci�n de las na�ciones, la protecci�n del hombre y la sal�vaguarda de su honor.
Aquellos que poseen riqueza y est�n investidos con autori�dad y poder deben mostrar el m�s profundo respeto por la re�ligi�n. En verdad, la religi�n es una luz radiante y una fortale�za inex�pugnable para la protecci�n y el bienestar de los pue�blos del mundo, porque el temor de Dios impulsa al hombre a sujetarse a lo que es bueno y a evitar todo mal. Si se oscurecie�ra la l�mpara de la religi�n, sobrevendr�a el caos y la confu�si�n, y las luces de la imparcialidad y la justicia, de la tranqui�lidad y la paz cesar�an de brillar. De ello ser� testigo todo hombre de verdadero enten�dimiento.
Hemos ordenado a toda la humanidad establecer la Paz Me�nor, el m�s seguro de todos los medios para la protecci�n de la humanidad. Los soberanos del mundo, de com�n acuerdo, debe�r�an aferrarse a ella, pues �ste es el supremo ins�trumento que puede garantizar la seguridad y bienestar de to�dos los pueblos y naciones. Verdaderamente, ellos son las ma�nifestaciones del po�der de Dios y las auroras de su autoridad. Imploramos al Todo�poderoso que mun�ficamente les asista en aquello que conduzca al bienestar de sus s�bditos. Una expli�caci�n completa referente a este tema ha sido anteriormente escrita por la Pluma de Gloria; bienaventurados los que act�an conforme a ella.
El prop�sito de la religi�n, como ha sido revelado desde el cielo de la Santa Voluntad de Dios, es el de establecer la uni�dad y concordia entre los pueblos del mundo; no hag�is de ella causa de lucha y discordia. La religi�n de Dios y su divina ley son los m�s potentes instrumentos, y el m�s seguro de todos los medios, para el amanecer de la luz de la unidad entre los hombres. El progreso del mundo, el desarrollo de las naciones, la tranquilidad de los pueblos y la paz de todos los que moran en la tierra se ha�llan entre los principios y ordenanzas de Dios. La religi�n otorga al hombre el m�s preciado de los dones, ofrece la copa de la prosperidad, imparte vida eterna y derra�ma beneficios imperece�deros a la humanidad. Corresponde a los jefes y gobernantes del mundo, y en particular a los Fidei�comisarios de la Casa de Justi�cia de Dios, esforzarse al m�ximo de su poder para salvaguardar su posici�n, promover sus inte�reses y exaltar su Estado ante los ojos del mundo. De igual modo, es de su incumbencia informarse de las condiciones de los s�bditos y familiarizarlos con los asun�tos y actividades de las diversas comunidades en sus dominios. Exhortamos a las manifestaciones del poder de Dios -los sobera�nos y gobernan�tes de la tierra- a levantarse y hacer todo lo que est� en su po�der para que quiz� puedan erradicar la discordia en este mundo e iluminarlo con la luz de la concordia.
Nuestra esperanza es que los jefes religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten unidos para reformar esta edad y reha�bilitar su destino. Que tomen consejo juntos despu�s de haber meditado sobre sus necesidades y, a trav�s de delibera�ci�n fer�viente y plena, administren, a un mundo enfermo y pe�nosamente afligido, el remedio que requiere.
El Gran Ser dice: El cielo de la sabidur�a divina est� ilumi�nado con las dos luminarias de la consulta y la compasi�n. En todos los asuntos tomad consejo juntos, por cuanto la consulta es la l�mpa�ra de gu�a que alumbra el camino y es la que confie�re entendi�miento.
Tomad consejo juntos y ocupaos s�lo de lo que beneficie a la humanidad y mejore su condici�n... Considerad al mundo como al cuerpo humano que, aunque creado sano y perfecto, ha sufri�do, por diversas causas, graves trastornos y enferme�dades. Ni un solo d�a logr� alivio; m�s a�n, su dolencia se hizo m�s severa, puesto que cay� en manos de m�dicos ignorantes que dieron rienda suelta a sus deseos personales y erraron gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un m�dico h�bil, un miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto quedaba enfermo como antes. As� lo informaba el Omnisciente, el Sa�pient�simo... Lo que el Se�or ha ordenado como el supremo remedio y el m�s poderoso instru�mento para la curaci�n del mundo entero es la uni�n de todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe com�n. Esto no puede lograrse sino por el poder de un M�dico inspirado, h�bil y todo-poderoso. Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo dem�s no es sino error...
Considerad estos d�as en que la Antigua Belleza, Aquel que es el Nombre M�s Grande, ha sido enviado a regenerar y unifi�car a la humanidad. Contemplad c�mo, desenvainadas sus es�padas, ellos se alzaron contra �l y cometieron aquello que hizo estreme�cer al Esp�ritu Fiel. Y cuando les dijimos: "He aqu�, el Reformador del Mundo ha venido", ellos respondieron: "�l ciertamente es uno de los promotores del desorden".
�Alabado sea Dios por haber llegado hasta M�!... Has venido a ver a un prisionero y un desterrado... Nosotros s�lo desea�mos el bien del mundo y la felicidad de las naciones; sin em�bargo, nos consideran causantes de sedici�n y de rivalidades, merecedoras de la prisi�n y del destierro... Que todas las na�ciones tengan una fe com�n y todos los hombres sean herma�nos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la diversidad de religio-nes y se anulen las diferen�cias de raza. �Qu� mal hay en esto?... Pero esto se cumplir�, esas luchas sin objeto, esas guerras de�sastrosas desaparecer�n y la "Paz M�s Grande" reinar�... Uste�des, en Europa, �no necesitan tambi�n de esto? �No fue esto mismo lo que anunci� Cristo?... Sin embargo, vemos a vuestros reyes y gobernantes disipando sus te-soros m�s en medios de destrucci�n de la raza humana que en aquello que proporcio�nar�a felicidad a la humanidad... Estas lu�chas, este derrama�miento de sangre y esta discordia cesar�n y todos los hombres ser�n como miembros de una sola familia... Que ning�n hom�bre se glor�e de que ama a su patria; que m�s bien se glor�e de que ama a sus semejantes..."*
SELECCI�N DE LOS ESCRITOS DE �ABDU'L-BAHÁHas de saber que todos los poderes combinados de la tierra no tienen el poder de establecer la paz universal, ni de oponer�se al dominio superior de estas guerras sin fin, en todo tiempo y �poca. Sin embargo, dentro de poco, el poder del cielo, el domi�nio del Esp�ritu Santo, enarbolar� las banderas del amor y la paz sobre las altas cumbres, y all�, por encima de los castillos de ma�jestad y potencia, ondear�n esas banderas con los fuertes vientos que soplan desde la tierna misericordia de Dios.
Ten la seguridad de que en esta era del esp�ritu el Reino de la Paz levantar� su tabern�culo sobre las cumbres del mundo y los mandamientos del Pr�ncipe de la Paz dominar�n de tal ma�nera las arterias y los nervios de todos los pueblos como para atraer bajo su protecci�n a todas las naciones de la tierra. El verdadero Pastor dar� de beber a sus ovejas de las fuentes de la verdad, de la unidad y del amor.
Oh sierva de Dios, la paz se tiene que establecer primero entre los individuos, hasta que conduzca finalmente a la paz entre las naciones. Por ello, oh bah�'�s, esforzaos con todo vuestro empe�o para crear, mediante el poder de la Palabra de Dios, aut�ntico amor, comuni�n espiritual y lazos duraderos entre los indivi�duos. �sta es vuestra tarea.
Mientras duren estos prejuicios (religiosos, raciales, nacio�na�les, pol�ticos), habr� guerras continuas y espantosas.
Para remediar esta condici�n debe haber paz universal. Para conseguir esto se tiene que establecer un Tribunal Su�premo, re-presentativo de todos los Gobiernos y pueblos; a �l se le deben re�ferir los asuntos nacionales e internacionales, y to�dos deben cumplir los decretos de este Tribunal. Si alg�n Go�bierno o pueblo desobedeciera, que todo el mundo se levante contra ese Gobierno o pueblo.
Actualmente la paz universal es un asunto de gran impor�tan�cia, pero la unidad de conciencia es esencial para que la base de este asunto est� segura, su establecimiento sea firme y su edificio sea fuerte.
Por ello Bahá'u'lláh, hace cincuenta a�os, expuso este tema de la paz universal en una �poca en la que estaba confinado en la fortaleza de �Akk�, agraviado y encarcelado...
Entre sus ense�anzas estaba la declaraci�n de la paz univer�sal... las ense�anzas de Bahá'u'lláh no se limitaban al es�table�ci�miento de la paz universal. Abarcaban muchas ense�an�zas que complementaban y apoyaban la de la paz universal...
En conclusi�n, tales ense�anzas son numerosas. Estos m�l�ti�ples principios, que constituyen la mayor base de la felicidad de la humanidad y son los dones del Misericordioso, deben a�adirse a la cuesti�n de la paz universal y combinarse con �l para que produzcan resultados. De lo contrario la realizaci�n de la paz universal por s� sola en el mundo de la humanidad es dif�cil. Como las ense�anzas de Bahá'u'lláh est�n combinadas con la paz universal, son como una mesa provista de todo tipo de comida fresca y deliciosa. Cada alma puede encontrar lo que desea en esa mesa de dones infinitos. Si se limita el tema solamente a la paz universal, no se alcanzar�n los resultados extraordinarios que se esperan. El alcance de dicha paz univer�sal debe ser tal que todas las comunidades y religiones encuen�tre realizados en ella sus m�s elevados deseos. Las ense�anzas de Bahá'u'lláh son tales que to�das las comunidades del mundo, sean religiosas, pol�ticas o �ti�cas, antiguas o modernas, encuen�tran en ellas sus m�s elevados deseos...
Por ejemplo, el tema de la paz universal, sobre el cual dice Bahá'u'lláh que se tiene que establecer el Tribunal Supremo: Aunque se ha creado la Liga de las Naciones, es incapaz de es�ta�blecer la paz universal. Pero el Tribunal Supremo que Bahá'u'lláh ha descrito cumplir� esta sagrada tarea con la ma�yor fuerza y poder. Y su plan es �ste: que las asambleas nacio�nales de cada pa�s y naci�n (es decir, los Parlamentos) deben elegir dos o tres personas que sean las m�s selectas de esa na�ci�n y est�n bien in�formadas de las leyes internacionales y las relaciones entre los Gobiernos y sean conscientes de las necesi�dades esenciales del mundo de la humanidad en este d�a. El n�mero de estos repre�sentantes debe ser proporcional al n��mero de habitantes de este pa�s. La elecci�n de esas almas es�cogidas por la asamblea nacio�nal, es decir, el Parlamento, debe ser confirmada por la c�mara alta, el congreso y el gabinete, y tambi�n por el presidente o mo�narca, de modo que estas per�so�nas sean las elegidas de toda la naci�n y el Gobierno. El Tri�bu�nal Supremo estar� compuesto por estas personas, y toda la humanidad estar� representada en ella, pues cada uno de esos delegados es plenamente representativo de su naci�n. Cuando el Tribunal Supremo pronuncie su fallo so�bre cualquier tema internacional, ya sea por unanimidad o por mayor�a, ya no ha�br� pretexto alguno para el demandante ni base de objeci�n para el defensor. En caso de que alguno de los Go�biernos y na�ciones sea negligente o ande con dilatorias en la eje�cuci�n de la decisi�n irrefutablemente del Tribunal Supremo, las dem�s naciones se levantar�n contra �l, porque los defensores de este Tribunal Supremo son todos los Gobiernos y naciones del mundo. �Considerad lo firme que es esta base! Pero mediante una Liga limitada y restringida no se cumplir� el prop�sito como de�biera. �sta es la verdad de la situaci�n que ha sido enunciada...
La verdadera civilizaci�n desplegar� su bandera en el mism�simo coraz�n del mundo cuando cierto n�mero de sus distingui�dos soberanos de mentalidad elevada (los brillantes ejemplos de la devoci�n y la determinaci�n) se levanten para establecer la Causa de la Paz Universal con firme resoluci�n y clara visi�n. Deben hacer de la Causa de la Paz el objeto de consulta general y buscar, por todos los medios a su alcance, establecer una Uni�n de las naciones del mundo. Deben con�certar un tratado de obli�gado cumplimiento y establecer un convenio cuyas provisiones sean s�lidas, inviolables y definiti�vas. Deben proclamarlo a todo el mundo y obtener para �l la sanci�n de toda la raza humana. Esta suprema y noble empre�sa (la verdadera fuente de paz y bienestar de todo el mundo) se ha de considerar como sagrada por todos los moradores de la tierra. Todas las fuerzas de la hu�manidad deben ser movili�zadas para asegurar la estabilidad y permanencia de este Con-venio. En este Pacto Supremo universal se deben fijar clara�mente los l�mites y fronteras de cada una de las naciones, es�tablecer definitivamente los principios subyacen�tes en las rela�ciones entre los Gobiernos y determinar todos los acuerdos y obligaciones internacionales. De la misma manera, se debe limi�tar estrictamente la cantidad de armamentos de cada Go�bierno, pues si se permitiera incrementar los preparativos para la gue�rra y las fuerzas militares de cualquier naci�n, se provo�ca�r�a la desconfianza de las otras. El principio fundamental subya�cente en este Pacto solemne se debe fijar de tal manera que si al�g�n Gobierno m�s adelante violara alguna de sus dis-posiciones, to�dos los Gobiernos de la tierra deber�n levantarse para reducirlo a completa sumisi�n; incluso la raza humana entera deber�a to�mar resoluci�n de destruir ese Gobierno con todos los pode�res a su alcance. Si se aplica este el mayor de los remedios al cuerpo enfermo del mundo, con seguridad se re�cobrar� de sus enferme�dades y permanecer� eternamente a salvo y seguro.
Observad que si se alcanza tan feliz situaci�n, ning�n Go�bierno necesita acumular continuamente armas de guerra, ni sen�tirse obligado a producir armas militares cada vez m�s ac�tuales con las que conquistar a la raza humana. Se requerir� solamente una peque�a fuerza para prop�sitos de seguridad interna, la co�rrecci�n de elementos criminales y alborotadores y la prevenci�n de los disturbios locales, nada m�s. De esta manera, en primer lugar, toda la poblaci�n se aliviar� de la agobiante carga del gasto que actualmente se impone para pro�p�sitos militares, y, en se�gundo lugar, grandes cantidades de personas dejar�an de dedicar su tiempo a inventar continua�mente nuevas armas de destrucci�n (esos testimonios de codi�cia sanguinaria, tan inconsistentes con el don de la vida) y en su lugar dirigir�an sus esfuerzos hacia la producci�n de todo lo que fomentara la existencia humana, la paz y el bienestar, y se convertir�an en la causa de la prosperidad y el desarrollo uni�versal. Entonces todas las naciones de la tierra rei�nar�n con honor y todo pueblo se mecer� en tranquilidad y satis�facci�n.
Algunos, inconscientes del poder latente en el esfuerzo hu�mano, consideran este asunto casi impracticable, incluso por en�cima del alcance de los mayores esfuerzos del hombre. Sin em�bargo, �ste no es el caso. Por el contrario, gracias a la inde�fectible gracia de Dios, la amorosa bondad de sus favorecidos, los esfuer�zos incomparables de almas sabias y capaces y los pensamientos e ideas de l�deres sin par de esta edad, nada en absoluto se puede considerar inalcanzable. Se requiere esfuer�zo, esfuerzo sin pau�sas. Nada que no sea una determinaci�n indomable puede lograr�lo jam�s. Muchas causas que edades pasadas han considerado puramente visionarias, se han con�vertido en f�ciles y practicables en este d�a. �Por qu� esta Causa, la m�s grande y exaltada (la es�trella del firmamento de la verdadera civilizaci�n y la causa de la gloria, el avance, el bienestar y el �xito de toda la humanidad) se ha de considerar imposible de alcanzar? Sin duda llegar� el d�a en que su bella luz iluminar� a la asamblea de los hombres.
A medida que los preparativos sigan por su curso actual, los aparatos de conflicto alcanzar�n un punto en que la guerra se convertir� en algo intolerable para la humanidad.
Por lo que se ha dicho, est� claro que la gloria y grandeza del hombre no consiste en el hecho de que est� ansioso de san�gre ni tenga las u�as afiladas, no consiste en derrumbar ciuda�des y ex�tender la destrucci�n, en liquidar fuerzas armadas y civiles. Lo que ser�a un brillante futuro para �l ser�a su reputa�ci�n de justi�cia, su amabilidad hacia la poblaci�n entera, sea de alta o baja condici�n, su dedicaci�n a construir pa�ses y ciuda�des, pueblos y distritos, a hacer la vida m�s f�cil, pac�fica y fe�liz para sus cong�neres, a establecer los principios fundamen�ta�les para el progreso, a elevar los niveles y aumen�tar la rique�za de toda la poblaci�n...
Ning�n poder en la tierra puede imponerse a los ej�rcitos de la justicia y toda ciudadela debe sucumbir ante ellos; pues los hombres se someten gustosamente a los golpes triunfales de esta espada decisiva, y los lugares desolados florecen bajo la marcha de este ej�rcito. Hay dos potentes estandartes que, al proyectar su sombra sobre la corona de cualquier rey, har�n que la influencia de su gobierno se extienda r�pida y f�cilmen�te por toda la tierra, igual que si fuera la luz del sol: el primero de estos dos estandar�tes es la sabidur�a; el segundo es la justi�cia. Contra estas dos po�tent�simas fuerzas no pueden prevale�cer ni siquiera las colinas de hierro, y la muralla de Alejandro se romper�a ante ellos. Est� claro que la vida en este mundo que se desvanece r�pidamente es tan ef�mera e inconstante como el viento de la ma�ana, y siendo esto as�, qu� afortuna�dos son los grandes que dejan tras de s� un buen nombre y la memoria de una vida dedicada al camino del benepl�cito de Dios...
Una conquista puede ser algo digno de alabanza, y hay oca�siones en que la guerra resulta ser la base poderosa de la paz y la ruina el mism�simo medio de la construcci�n. Por ejemplo, si un soberano de mentalidad elevada ordena a sus ej�rcitos blo�quear el ataque del insurgente y el agresor, o tambi�n si sale a la pales�tra y se distingue en una lucha para unificar un Estado o pueblo dividido, en pocas palabras, si libra una batalla por un prop�sito recto, entonces esta aparente ira es la misericor�dia misma y esta aparente tiran�a es la mism�sima esencia de la justicia y esta gue�rra la piedra angular de la paz. Hoy d�a, la tarea digna de los grandes dirigentes es la de establecer la paz universal, pues en ello se encuentra la libertad de todos los pueblos.
En siglos pasados, aunque se hab�a establecido la armon�a, sin embargo, debido a la falta de medios, no podr�a haberse lo�grado la unidad de toda la humanidad. Los continentes per�manec�an ampliamente separados y, es m�s, entre los pueblos de un mismo continente era poco menos que imposible la aso�ciaci�n y el inter�cambio de ideas. Por consiguiente, las relacio�nes, el entendimien�to y la unidad entre las naciones, pueblos y tribus de la tierra eran inalcanzables. En este d�a, sin embargo, los medios de comunica�ci�n se han multiplicado y los cinco continentes de la tierra se han convertido pr�cticamente en uno... De igual manera, todos los miembros de la familia hu�mana, ya sean pueblos o Gobiernos, ciudades o aldeas, han lle�gado a ser cada vez m�s dependientes unos de otros. Ninguno puede ya bastarse por s� mismo, por cuanto los lazos pol�ticos unen a todas las naciones y pueblos y cada d�a se fortalecen m�s los v�nculos del comercio y la indus�tria, de la agricultura y la educaci�n. Por tanto, la unidad de toda la humanidad puede lograrse en este d�a. En verdad, �sta no es m�s que una de las maravillas de esta maravillosa �poca, este glorioso siglo. De esto han sido privadas las �pocas pasadas, pues este siglo -el siglo de la luz- ha sido dotado de gloria, poder e iluminaci�n �nicos y sin precedentes. De ah� el milagroso desa�rrollo de una nueva maravilla cada d�a. Con el tiempo se ver� cu�n lumino�sas brillar�n sus luces en el conjunto de los hombres.
Contemplad c�mo amanece su luz en el oscuro horizonte del mundo. La primera luz es la unidad en el dominio pol�tico, cuyos destellos iniciales pueden ya percibirse. La segunda luz es la uni�dad de pensamiento en las tareas mundiales, cuya consumaci�n ser� presenciada pronto. La tercera luz es la uni�dad en libertad, la cual sin duda ha de venir. La cuarta luz es la unidad de religi�n, la cual es la piedra angular de la base misma y, mediante el poder de Dios, ser� revelada en todo su esplendor. La quinta luz es la unidad de las naciones, unidad que ser� seguramente establecida en este siglo, haciendo que todos los pueblos del mundo se con�sideren como ciudadanos de una sola patria com�n. La sexta luz es la unidad de las ra�zas, que har� que todos los que habitan la tierra sean pueblos y tribus de una sola raza. La s�ptima luz es la unidad de lengua�je, es decir, la elecci�n de una lengua universal en que ser�n instruidos y conversar�n todos los pueblos. Todas y cada una de ellas han de venir inevitablemente, por cuanto el po�der del Reino de Dios ayudar� y contribuir� a su realizaci�n.
... Toda gran Causa en este mundo de existencia alcanza ex�presi�n visible por tres medios: primero, la intenci�n; se�gundo, la confirmaci�n; tercero, la acci�n. Hoy d�a en esta tie�rra hay mu�chas almas que son promotoras de la paz y la re�conciliaci�n y anhelan la unidad y la uni�n del mundo de la humanidad; pero esta intenci�n necesita un poder din�mico para que se pueda manifestar en el mundo del ser. En este d�a las instrucciones di�vinas y exhortaciones del Se�or promulgan este m�ximo prop�sito, y las confirmaciones del Reino tambi�n ayudan y apoyan la realizaci�n de esta intenci�n. En conse�cuencia, a pesar de que las fuerzas combinadas y los pensa�mientos de las naciones del mundo no pueden conseguir por s� solos este prop�sito, los po�deres del mundo de Dios penetran todas las cosas y la asistencia del Reino divino es continua. As� pues, dentro de poco se har� evidente y claro que la insignia de la Paz Mayor consiste en las ense�anzas de Bahá'u'lláh, y que la tienda de la uni�n y la armo�n�a entre las naciones es el taber-n�culo del Reino divino, pues en ella confluyen a la vez las in�tenciones, el poder y la acci�n. La realizaci�n de todo en el mundo del ser depende de estos tres elementos.
En la medida de lo posible, no descanses ni un momento, viaja al norte y al sur del pa�s y convoca a todos los hombres a la uni�dad del mundo de la humanidad y a la paz universal, di�ciendo: �Oh pueblo! Bahá'u'lláh coloc� la base de la paz univer�sal hace cincuenta a�os. Incluso dirigi� ep�stolas a los reyes en las que declaraba que la guerra destruir�a los cimientos del mundo de la humanidad, que la paz conduce a la vida eterna y que a la hu�manidad le espera un horrendo peligro. Tambi�n, tres a�os antes del estallido de la guerra mundial, �Abdu'l-Bahá viaj� a Am�rica y a gran parte de Europa, donde elev� su voz ante todas las reu�niones, sociedades e iglesias, apelando as�: �Oh asamblea de los hombres! El continente de Europa se ha convertido pr�cticamente en un arsenal lleno de explosivos. Hay vastos dep�sitos de mate�rial destructivo escondido bajo tierra, que pueden estallar con la m�s m�nima chispa, haciendo temblar a toda la tierra. �Oh hom�bres de entendimiento! Mo�veos, para que quiz�s no explote esta acumulaci�n de material vol�til. Pero el llamado fue desatendido y en consecuencia es�tall� esa guerra asesina.
Ahora la mayor parte de la humanidad se da cuenta de la gran calamidad que supone la guerra y de c�mo la guerra transforma al hombre en un animal feroz, convirtiendo los pueblos y ciuda�des pr�speras en ruinas y desmoronando los cimientos del edifi�cio humano. Ahora que se han despertado todos los hombres y sus o�dos est�n atentos, es la hora de la promulgaci�n de la paz universal, una paz basada en la recti�tud y la justicia, para que la humanidad no se exponga a ma�yores peligros en el futuro. �ste es el amanecer de la paz uni�versal, los primeros destellos de cuya luz est�n comenzando a apare�cer. Sinceramente esperamos que su esfera refulgente brille y se extienda sobre el oriente y el occi�dente con su irra�diaci�n. El establecimiento de la paz universal no es posible por otro me�dio que el poder de la Palabra de Dios...
El caos y la confusi�n aumentan d�a a d�a en el mundo. Al�can�zar�n tal intensidad que la estructura de la humanidad ser� inca�paz de soportarlos. Entonces se despertar�n los hombres y toma�r�n consciencia de que la religi�n es la fortaleza inexpug�nable y la luz manifiesta del mundo, y que sus leyes, exhorta�ciones y ense��anzas son la fuente de la vida en la tierra.
SELECCI�N DE LAS CHARLAS DE �ABDU'L-BAHÁHoy d�a el mundo de la humanidad se encuentra necesitado de unidad y reconciliaci�n internacionales. Para establecer es�tos grandes principios fundamentales se necesita una fuerza propul�sora. Es evidente que la unidad del mundo humano y la Paz Ma�yor no se pueden conseguir a trav�s de medios materia�les. No se pueden establecer mediante el poder pol�tico, pues los intereses pol�ticos de las naciones son m�ltiples y las pol�ti�cas de los pue�blos son divergentes y est�n en conflicto. No se pueden conseguir mediante el poder racial o patri�tico, pues �stos son poderes hu�manos, ego�stas y d�biles. La naturaleza misma de las diferencias raciales y los prejuicios patri�ticos impide la realizaci�n de esta unidad y acuerdo. En consecuen�cia, es evidente que la promoci�n de la unidad del reino de la humanidad, que es la esencia de las ense�anzas de todas las Manifestaciones de Dios, es imposible excepto a trav�s del po�der divino y el aliento del Esp�ritu Santo. Los otros poderes son demasiado d�biles y no pueden conse�guirlo.
Rezaremos para que se pueda izar la bandera de la paz in�ter�nacional y se consiga y realice la unidad del mundo de la huma�nidad. Todo esto se hace posible y practicable mediante vuestros esfuerzos. Que esta democracia americana sea la pri�mera naci�n en establecer la base del acuerdo internacional. Que sea la prime�ra naci�n en proclamar la universalidad de la humanidad. Que sea la primera en elevar el estandarte de la Paz Mayor y, median�te esta naci�n de democracia, que estas instituciones e intenciones filantr�picas se extiendan por todo el mundo. En verdad, �sta es una gran naci�n respetada. Aqu� la libertad ha alcanzado su m�s alto grado. Las intenciones de sus pueblos son dignas de la m�xima alabanza. Efectivamente, son dignos de ser los primeros en construir el Tabern�culo de la Paz Mayor y proclamar la unidad de la humanidad. Suplica�r� a Dios pidiendo asistencia y confir-maci�n para vosotros.
Hoy la mayor necesidad del mundo de la humanidad es el cese de los malentendidos existentes entre las naciones. Esto se puede conseguir mediante la unidad de lenguaje. A menos que se consiga la unidad de lenguas, no se puede establecer y or�ganizar eficazmente la Paz Mayor y la unidad del mundo hu�mano, por�que la funci�n de la lengua es comunicar los miste�rios y secretos de los corazones humanos. El coraz�n es como una caja y la len�gua es la llave. Solamente usando la llave po-demos abrir la caja y observar las gemas que contiene. Por ello, el tema de un idioma internacional auxiliar es de m�xima im�portancia... Es mi esperan�za que se pueda perfeccionar me�diante los dones de Dios y que se seleccionen hombres inteli�gentes de los diversos pa�ses del mundo para organizar un congreso internacional cuyo prop�sito principal sea la promo�ci�n de este medio de comunicaci�n uni�versal.
... Debido a que encuentro a la naci�n americana tan capaci�tada y a este Gobierno el m�s justo de los Gobiernos occidenta�les, a sus instituciones superiores a las dem�s, mi deseo y espe�ranza es que se ice en este continente primero la bandera de la reconci�liaci�n internacional y se despliegue aqu� el estandarte de la Paz Mayor. Que el pueblo americano y su Gobierno se unan en sus es�fuerzos con el fin de que amanezca esta luz desde este punto y se extienda a todas las regiones, pues �sta es una de las mayores d�divas de Dios. Con el fin de que Am�rica aproveche esta opor�tunidad, ruego que os esforc�is y rec�is con alma y coraz�n, de�dicando todas vuestras energ�as a este objetivo: que la bandera de la paz internacional se eleve aqu� y que esta democracia sea la causa del cese de la guerra en todos los dem�s pa�ses.
En edades pasadas de la humanidad ha sido defectuosa e ine�ficaz porque ha estado incompleta. La guerra y sus estragos han arruinado al mundo; la educaci�n de la mujer ser� un po�tente paso hacia su abolici�n y cese, pues ella emplear� toda su in�fluencia contra la guerra. La mujer cr�a al ni�o y educa al jo�ven hasta la madurez. Ella rehusar� entregar sus hijos para ser sacrifi�cados en el campo de batalla. En verdad, ella ser� el ma�yor factor en el establecimiento de la paz universal y el arbitra�je internacio�nal. Sin duda, la mujer abolir� la guerra de la hu�manidad.
Todos sabemos que la paz internacional es buena, que con�duce al bienestar de la humanidad y a la gloria del hombre, pero son necesarias la voluntad y la acci�n antes de poder es�tablecerla. La acci�n es esencial. Debido a que este siglo es un siglo de luz, le ha sido conferida la capacidad de acci�n a la humanidad. Nece�sariamente se esparcir�n los principios divi�nos entre los hombres hasta que llegue la hora de la acci�n. Sin duda esto ha sido as�, y verdaderamente la hora y las condicio�nes est�n maduras para la acci�n ahora.
Esto ha ocurrido. Los poderes de la tierra no pueden resistir los privilegios y d�divas que Dios ha ordenado para este siglo grande y glorioso. Es una necesidad y una exigencia de la �poca... Que este siglo sea el sol de los siglos anteriores y su resplandor dure para siempre, para que en los tiempos venide�ros glorifiquen el siglo veinte diciendo que el siglo veinte fue el siglo de las luces, el siglo veinte fue el siglo de la vida, el siglo veinte fue el siglo de la paz internacional, el siglo veinte fue el siglo de las d�divas di�vinas, y el siglo veinte ha dejado huellas que durar�n para siem�pre.
El tema m�s importante de este d�a es la paz y el arbitraje in-ternacionales, y la paz universal es imposible sin el sufragio uni�versal. Los ni�os son educados por las mujeres. La madre soporta las preocupaciones y problemas de criar al ni�o, sufre la dificul�tad de su nacimiento y formaci�n. En consecuencia, es muy dif�cil que las madres env�en a los campos de batalla a aquellos sobre los que han derrochado tanto amor y cuidado. Considerad un hijo criado y formado durante veinte a�os por una madre devota. �Cu�ntas noches en vela y d�as de angustia sin descanso ha pasa�do! Habi�ndole llevado con �xito a trav�s de peligros y dificulta�des a la edad de la madurez, �qu� angus�tioso entonces sacrificarlo en el campo de batalla! En conse�cuencia, las madres no dar�n su aprobaci�n a la guerra ni esta�r�n satisfechas con ella. As� ocurrir� que cuando las mujeres participen plena e igualmente en los asuntos del mundo, cuando entren con confianza y capacidad en el gran campo de las leyes y la pol�tica, cesar� la guerra; pues la mujer ser� su obst�culo e impedimento. Esto es indudablemente verdad.
Acaba de amanecer el siglo veinte, brillante y glorioso, y la d�diva divina se irradia universalmente...
... En verdad, �ste se puede llamar el milagro de los siglos, pues est� repleto de manifestaciones de lo milagroso. Ha lle�gado la hora en que toda la humanidad ser� unificada, en que todas las razas ser�n leales a una misma patria, todas las reli�giones se con�vertir�n en una religi�n y desaparecer� el prejui�cio racial y reli�gioso. �ste es el d�a en que la unidad de la hu�manidad elevar� su estandarte y la paz universal, como una verdadera ma�ana, inundar� al mundo con su luz.
�l promulg� la adopci�n del mismo programa educativo para el hombre y la mujer. Las hijas y los hijos deben seguir el mismo programa de estudios, promovi�ndose as� la unidad de los sexos. Cuando toda la humanidad reciba la misma oportu�nidad de edu�caci�n y se alcance la igualdad de hombres y mujeres, las bases de la guerra quedar�n completamente des�truidas. Sin igualdad esto ser� imposible, porque toda distin�ci�n y diferencia conduce a la discordia y la lucha. La igualdad entre los hombres y mujeres conduce a la abolici�n de la gue�rra debido a que las mujeres nunca estar�n dispuestas a auto�rizarla. Las madres no sacrifica�r�n a sus hijos en el campo de batalla despu�s de veinte a�os de angustia y cari�osa devoci�n dedicados a formarlos desde la in�fancia, no importa qu� causa se les llame a defender. No hay duda de que cuando las muje�res obtengan la igualdad de dere�chos, cesar� por completo la guerra entre la humanidad.
El mundo se encuentra desesperadamente necesitado de paz internacional. Hasta que se establezca, la humanidad no alcanza�r� la calma y la tranquilidad. Es necesario que las na�ciones y los Gobiernos organicen un tribunal internacional al que referir todas sus disputas y diferencias. La decisi�n de este tribunal ser� final. La controversia individual ser� juzgada por un tribunal local. Las cuestiones internacionales se llevar�n ante el tribunal internacio�nal y as� desaparecer� la causa de la guerra.
Encuentro a estas dos grandes naciones americanas (los Es�ta�dos Unidos y Canad�) muy capaces y avanzadas... es mi de�seo que estas naciones respetadas se conviertan en factores decisivos del establecimiento de la paz internacional y la uni�dad del g�nero humano...
El mundo de la humanidad posee dos alas: el var�n y la mu�jer. Mientras estas dos alas no sean equivalentes en fuerza, no volar� el p�jaro. No se conseguir�n logros extraordinarios para la humanidad hasta que el mundo de la mujer alcance el mismo grado que el hombre, hasta que tenga el mismo campo de activi�dad; la humanidad no puede remontar su vuelo hacia las alturas de verdaderos logros. Cuando las dos alas o partes tengan fuerza equivalente y disfruten de las mismas prerroga�tivas, el vuelo del hombre ser� sumamente elevado y extraor-dinario. De esta mane�ra, imbuidas de las mismas virtudes que el hombre, elev�ndose por todos los grados de los hombres, las mujeres llegar�n al mismo nivel que los hombres; mientras no se establezca esta igualdad, no se facilitar� el verdadero pro�greso y logro de la raza humana.
Las razones evidentes que subyacen en esto son las siguien�tes: la mujer se opone a la guerra por naturaleza; es una defen�sora de la paz. Las que cr�an y educan a sus hijos son las ma�dres, quienes les dan los primeros principios de educaci�n y trabajan asidua�mente por ellos. Considerad, por ejemplo, una madre que ha formado a su hijo durante veinte a�os hasta la edad de la madu�rez. Sin duda ella no dar� su consentimiento para que lo despe�dacen y lo maten en el campo de batalla. En consecuencia, a me�dida que la mujer avance hacia el grado del hombre en poder y privilegio, con derecho al voto y control en el Gobierno humano, sin duda cesar� la guerra; pues la mujer es naturalmente la m�s devota y firme defensora de la paz in�ternacional.
Un Tribunal Supremo deber� ser elegido por los pueblos y los Gobiernos de cada naci�n, donde los miembros de cada pa�s y Gobierno se reunir�n en perfecta unidad. Todos los conflictos de�ber�n ser presentados ante este Tribunal, cuya misi�n ser� evitar la guerra.
Deber� establecerse un Tribunal Supremo por los pueblos y Gobiernos de todas las naciones, compuesto por miembros de cada pa�s y de cada Gobierno. Los miembros de este Gran Conse�jo deber�n congregarse en unidad. Todas las disputas de car�cter internacional deber�n ser presentadas ante esta Corte, siendo su trabajo el de resolver por arbitraje todo lo que pudie�ra ocasionar la guerra. La misi�n de este Tribunal ser�a la de evitar la guerra.
"En cuanto a la cuesti�n del desarme, todas las naciones de�ben desarmarse al mismo tiempo. No servir� en absoluto (y no es lo que se propone) que algunas naciones abandonen sus ar�mas, mientras que otras, sus vecinas, permanezcan armadas. La paz del mundo se tiene que establecer mediante el acuerdo interna�cional. Todas las naciones deben ponerse de acuerdo para desar�marse simult�neamente... Ninguna naci�n puede se�guir una pol�tica de paz mientras que su pa�s vecino siga siendo guerrero... No hay ninguna justicia en eso. Nadie so�a�r�a con sugerir que se pudiera conseguir la paz del mundo mediante una l�nea de acci�n semejante. Se tiene que conseguir mediante un acuerdo global e internacional y de ninguna otra manera"...
"Es necesario", continu�, "que haya una acci�n continua en cualquier proyecto de desarme. Todos los Gobiernos del mundo deben transformar sus buques de guerra y maquinaria b�lica en barcos mercantes. Pero ninguna naci�n puede comen�zar por s� sola una pol�tica semejante, y ser�a una locura si una potencia in�tentara hacerlo... simplemente atraer�a la destruc�ci�n"...
"�Existen signos de que se establecer� la paz permanente del mundo en un per�odo de tiempo m�s o menos razonable?", le preguntaron a �Abdu'l-Bahá.
"Se establecer� en este siglo", contest�. "Ser� universal en el siglo veinte. Todas las naciones ser�n forzadas hacia ello".
"�Provocado por presiones econ�micas?""S�; las naciones ser�n forzadas a firmar la paz y a ponerse de acuerdo sobre la abolici�n de la guerra. Las terribles cargas de impuestos para la guerra llegar�n a superar lo que el hom�bre puede soportar"...
"No", dijo �Abdu'l-Bahá en conclusi�n; "repito, ninguna na�ci�n puede desarmarse en estas circunstancias". El desarme llegar� sin duda, pero tiene que venir, y vendr�, por el consen�timiento uni�versal de las naciones de la tierra. Mediante el acuerdo interna�cional abandonar�n sus armas y se inaugurar� la gran era de la paz".
"De �sta y de ninguna otra manera puede establecerse la paz en la tierra".
Una vez que se establezca el Parlamento del Hombre y se or�ganicen sus partes constituyentes, los Gobiernos del mundo, ha�biendo firmado un convenio de amistad eterna, no tendr�n nin�guna necesidad de mantener en activo grandes ej�rcitos y marina de guerra. Todo lo necesario ser�n algunos batallones para pre�servar el orden interno, y una Polic�a Internacional para mantener libres las v�as marinas. Entonces estas grandes sumas de dinero se desviar�n a otros canales m�s �tiles, desa�parecer� la pobreza, aumentar� el conocimiento, los poetas y compositores cantar�n las victorias de la Paz, el conocimiento mejorar� las condiciones y la humanidad se mecer� en la cuna de la felicidad y bendici�n. Entonces, sea el Gobierno constitu�cional o republicano, monar�qu�a hereditaria o democracia, los l�deres dedicar�n su tiempo a la prosperidad de sus naciones, a la legislaci�n de leyes justas y sensatas y a fomentar relaciones m�s estrechas y amistosas con sus vecinos de esta manera el mundo de la humanidad se con�vertir� en un espejo que refleja�r� las virtudes y atributos del Reino de Dios.
... Mediante un acuerdo general, todos los Gobiernos del mundo deben desarmarse simult�neamente... No servir� si uno abandona las armas y otro se niega a hacerlo. Las naciones del mundo deben ponerse de acuerdo sobre este tema de suprema importancia, de manera que puedan abandonar juntos las ar�mas mortales de matanza humana. Mientras una naci�n siga aumen�tando su presupuesto militar y naval, otra naci�n se ver� forzada hacia esta loca competici�n debido a sus supues�tos intereses na�turales...
Ahora bien, el tema del desarme tiene que ser puesto en pr�c�tica por todas las naciones, no s�lo por una o dos. En con�secuen�cia, los defensores de la paz deben esforzarse d�a y no�che para que la opini�n p�blica alcance una posici�n firme y per�manente y aumente cada d�a el ej�rcito de la Paz Interna�cional, se consiga el desarme completo y ondee la Bandera de la Re�conciliaci�n Uni�versal en la cima de las monta�as de la tierra.
... Los ideales de la paz se tienen que nutrir y extender por los habitantes del mundo; debe instruirse en la escuela sobre la Paz y los males de la guerra. Primero: Las financieras y los bancos de�ben desistir de prestar dinero a cualquier Gobierno que proyecte librar una guerra injusta contra una naci�n ino�cente. Segundo: Los presidentes y directivos de los ferrocarri�les y compa��as na�vales deben negarse a transportar municio�nes de guerra, m�qui�nas infernales, rifles, ca�ones y p�lvora de un pa�s a otro. Terce�ro: Los soldados, mediante sus repre-sentantes, deben solicitar a los ministros de Guerra, los pol�ti�cos, los congresistas y los gene�rales que expongan en lenguaje claro e inteligible las razones y las causas que les han llevado al borde de semejante calamidad na�cional. Los soldados deben exigir esto como una de sus prerroga�tivas. "Demu�strennos", deben decir, "que �sta es una guerra justa y entonces acudire�mos al campo de batalla, de lo contrario no daremos ni un solo paso... Salgan de sus escondrijos, entren en el campo de batalla si les gusta atacarse el uno al otro, y desped�cense si desean alarde de sus supuestas contiendas. La discordia y el odio es entre ustedes; �por qu� nos hacen a nosotros, que somos ino�centes, part�cipes de ella? Si la lucha y el derramamien�to de sangre son cosas buenas, entonces �cond�zcannos al comba�te con su presencia!"
En resumen, hay que bloquear todo camino que produzca guerra y hacer avanzar las causas que la impiden para que el conflicto f�sico se convierta en una imposibilidad. Por otra parte, hay que delimitar cada pa�s adecuadamente, marcar sus fronteras exactas, asegurar su integridad nacional, proteger su indepen�dencia permanente, y sus intereses vitales deben ser respetados por la familia de naciones. Estos servicios deber�an ser realizados por una Comisi�n internacional imparcial. De esta manera desa�parecer�n todas las causas de fricci�n y dife�rencias. Y, en caso de que surjan algunas disputas entre ellos, podr�an someterlas al arbitraje del Parlamento del Hombre, cuyos representantes deben ser elegidos de entre los hombres m�s prudentes y sensatos de todas las naciones de la tierra.
Cada siglo tiene la soluci�n de un problema predominante. A pesar de que haya muchos problemas, uno de los innume�rables problemas ser� preponderante y se convertir� en el m�s impor�tante de todos. (...) en este luminoso siglo la mayor d�di�va del mundo de la humanidad es la Paz Universal, que se debe inaugu�rar, para que el reino de la creaci�n alcance la calma, para que el Oriente y el Occidente (que abarcan los cinco continentes del globo) se puedan abrazar, para que la hu�manidad pueda descan�sar bajo la tienda de la unidad del mundo de la humanidad y on�dee la bandera de la paz univer�sal sobre todas las regiones...
Hoy d�a el verdadero deber de un rey poderoso es estable�cer una paz universal; pues verdaderamente significa la liber�tad de todos los pueblos del mundo. Algunas personas que son ignoran�tes del mundo de la verdadera humanidad y sus ele�vadas ambi�ciones para el bien general, consideran que tal glo�riosa condici�n de vida es muy dif�cil, m�s bien imposible de conseguir. Pero no es as�, en absoluto.
�Oh individuos de la humanidad!, encontrad medios para de�tener este derramamiento de sangre y matanza general. ��sta es la hora designada! �Ahora es el momento oportuno! Levan�taos, mostrad un esfuerzo, poned fuerza extraordinaria para enarbolar la Bandera de la Paz Universal y poner fin a la furia irresistible de este torrente violento que est� provocando es�tragos y ruina por todas partes.
"�Mediante qu� proceso", continu� el interlocutor, "se esta�ble�cer� esta paz en la tierra? �Vendr� en seguida despu�s de una declaraci�n universal de la Verdad?"
"No, se establecer� gradualmente", dijo �Abdu'l-Bahá. "Una planta que crece demasiado r�pidamente s�lo dura poco tiempo. �Vosotros sois mi familia", y mir� a su alrededor con una sonrisa, "mis nuevos hijos! Si una familia vive en armon�a, se obtienen grandes resultados. Ampliad el c�rculo; cuando una ciudad vive en �ntimo acuerdo, seguir�n mayores resulta�dos, y un continente que est� plenamente unido unir� de la misma manera a otros continentes. Entonces ser� el tiempo de los mayores resultados, pues todos los habitantes del mundo son nativos de una misma tierra".
SELECCI�N DE LOS ESCRITOS�Muy amados amigos! La humanidad, ya sea considerada a la luz de la conducta individual del hombre o de las relaciones exis�tentes entre comunidades organizadas y naciones, lamen�table�mente se ha desviado much�simo y ha sufrido una decli�naci�n demasiado grande como para ser redimida mediante los esfuer�zos aislados de sus mejores gobernantes y estadistas, por muy desinteresados que sean sus motivos, por muy coor�dinada que sea su acci�n, por muy fervorosos que sean en su celo y devoci�n a su causa. Ning�n esquema que todav�a pue�dan dise�ar los c�l�culos de los mayores estadistas; ninguna doctrina que se propon�gan desarrollar los m�s distinguidos exponentes de la teor�a eco�n�mica; ning�n principio que pue�dan esforzarse por inculcar los m�s fervientes moralistas su�ministrar�n, en �ltima instancia, los cimientos adecuados sobre los que ha de erigirse el futuro de un mundo aturdido.
Ninguna apelaci�n a la tolerancia mutua que puedan hacer los que entienden las condiciones del mundo, no importa lo apre�miante e insistente que sea, podr� calmar las pasiones o contri�buir a restaurar el vigor. Ni tampoco ning�n esquema general de mera cooperaci�n internacional organizada, en cualquier sector de la actividad humana y por muy ingeniosa que sea su concep�ci�n o muy amplio su alcance, lograr� erra�dicar la causa primera del mal que ha perturbado tan brusca-mente el equilibrio de la sociedad actual. Ni siquiera, me atrevo a afirmar, la acci�n misma de inventar el mecanismo requerido para la unificaci�n pol�tica y econ�mica del mundo -principio sostenido cada vez m�s en los �ltimos tiempos- po�dr� por s� sola proveer el ant�doto contra el veneno que pro�gresivamente va minando el vigor de pueblos y naciones or�ganizados.
�Qu� otra cosa podemos afirmar confiadamente que no sea la abierta aceptaci�n del Programa Divino enunciado por Bahá'u'lláh con tanta simpleza y fuerza hace sesenta a�os, el cual encarna en sus principios esenciales el esquema ordenado por Dios para la unificaci�n de la humanidad en esta era, al que se agrega una f�rrea convicci�n de la infalible eficacia de todas y cada una de sus disposiciones; aceptaci�n y convicci�n, las cuales ser�n finalmente capaces de resistir las fuerzas de desintegraci�n internas; fuerzas que, de no ser frenadas, segui�r�n necesariamen�te carcomiendo las partes vitales de una so�cie�dad desesperada? Es hacia esta meta -la meta de un nuevo Or�den Mundial, Divino en su origen, universal en sus alcances, equitativo en sus princi-pios y desafiante en sus rasgos- por la que ha de bregar una hu�manidad hostigada.
Ser�a presuntuoso, aun por parte de los que se declaran adep�tos de su Fe, sostener que se han captado todas las infe�rencias del prodigioso esquema de Bahá'u'lláh para la solidari�dad humana mundial, o que se ha comprendido su significa�ci�n. Ser�a prema�turo, aun en una etapa tan avanzada de la evoluci�n de la huma�nidad, pretender vislumbrarlo en todas sus posibilidades, estimar sus beneficios futuros e imaginar su gloria.
Todo lo que razonablemente podemos intentar es esforzar�nos por lograr una vislumbre de los primeros rayos del Alba prome�tida que, en la plenitud del tiempo, habr� de ahuyentar las tinie�blas que han rodeado a la humanidad. Todo lo que po�demos ha�cer es se�alar los que, en sus m�s amplios contornos, parecen ser los principios rectores que subyacen en el Orden Mundial de Bahá'u'lláh, desarrollados y enunciados por �Abdu'l-Bahá, el Cen�tro de su Convenio con toda la humani�dad, y quien fuera desig�nado Int�rprete y Expositor de su Pa�la�bra.
Que el desasosiego y sufrimiento que afectan a toda la hu�ma�nidad son, en gran medida, consecuencias directas de la Guerra Mundial y atribuibles a la falta de discernimiento y a la miop�a de los responsables de los Tratados de Paz, es un hecho que s�lo una mente predispuesta rehusar�a admitir...
Sin embargo, ser�a in�til sostener que la guerra, con todas las p�rdidas que involucr�, con las pasiones que despert� y con las injusticias que dej� tras de s�, ha sido la �nica respon�sable de la confusi�n sin precedentes en que se hallan inmersos en la actua�lidad casi todos los sectores del mundo civilizado. �No es un he�cho -y �sta es la idea central que deseo destacar- que la causa fundamental de esta inquietud mundial es atri�buible no tanto a las consecuencias de lo que tarde o temprano habr� de ser consi�derado el disloque transitorio de un mundo en continuo cambio, sino antes bien al fracaso de aquellos en cuyas manos se ha de�positado el destino inmediato de pueblos y naciones, al no adap�tar su sistema de instituciones econ�mi�cas y pol�ticas a las impe�riosas necesidades de una era en r�pi�da evoluci�n? Estas crisis in�termitentes que convulsionan a la sociedad actual �acaso no se deben principalmente a la lamen�table incapacidad de los l�deres reconocidos del mundo para comprender correctamente los sig�nos de la �poca, para librarse de una vez por todas de sus ideas preconcebidas y credos en�cadenadores, para remodelar la ma�quinaria de sus respectivos Gobiernos de acuerdo con las pautas impl�citas en la suprema declaraci�n de Bahá'u'lláh de la Unidad de la Humanidad, rasgo principal y distintivo de la Fe por �l proclamada?...
Muy pat�ticos son, por cierto, los esfuerzos de esos l�deres de las instituciones humanas quienes, con total desprecio por el es�p�ritu de la �poca, bregan por adaptar los procesos nacio�nales, apropiados a los antiguos d�as de naciones aisladas, a una �poca que debe lograr la unidad del mundo, tal como la esbozara Bahá'u'lláh, o perecer. En una hora tan cr�tica para la historia de la civilizaci�n corresponde a los l�deres de todas las naciones del mundo, grandes o peque�as, de Oriente o de Oc�cidente, vence�doras o vencidas, prestar atenci�n al toque de clar�n de Bahá'u'lláh, e imbuidos por completo de un senti�miento de soli-daridad mundial, condici�n sine qua non de leal�tad a su Causa, alzarse valientemente para lograr en su totali�dad el �nico es�quema reparador que �l, el M�dico Divino, ha recetado para la humanidad doliente. Que descarten de una vez para siempre toda idea preconcebida, todo prejuicio nacio�nal, y que presten atenci�n al sublime consejo de �Abdu'l-Bahá, autorizado Exposi�tor de sus ense�anzas. "Podr� usted servir mejor a su pa�s", fue la respuesta de �Abdu'l-Bahá a un alto funcionario en ejercicio del Gobierno federal de los Estados Unidos, quien le hab�a interro�gado acerca de la mejor manera de estimular los intereses de su Gobierno y de su pueblo, "si, en condici�n de ciudadano del mundo, trata de colaborar en la definitiva aplicaci�n del principio de federalismo que subyace en el Gobierno de su propio pa�s a las relaciones existentes ahora entre los pueblos y naciones del mundo".
Es necesario desarrollar cierta forma de superestado mun�dial, a favor del cual todas las naciones del mundo habr�n de ceder voluntariamente todo derecho de hacer la guerra, ciertos dere�chos de gravar impuestos y todos los derechos de poseer arma�mentos, salvo con el prop�sito de mantener el orden in�terno den�tro de sus respectivos dominios. Dicho Estado habr� de incluir en su �rbita un Poder Ejecutivo Internacional con ca�pacidad para hacer valer su autoridad suprema e indiscutible sobre todo miembro recalcitrante de la Mancomunidad; un Parlamento Mundial cuyos miembros ser�n elegidos por los habitantes de sus respectivos pa�ses y cuya elecci�n ser� con�firmada por sus res-pectivos Gobiernos; y un Tribunal Supremo cuyos dict�menes tendr�n car�cter obligatorio aun en los casos en que las partes in�teresadas no hayan acordado voluntaria�mente someter el litigio a su consideraci�n.
"Una comunidad mundial en la que todas las barreras eco�n�micas habr�n quedado totalmente derribadas y en la que se re�conocer� definitivamente la interdependencia del capital y el tra�bajo; en la que el clamor del fanatismo y del conflicto reli�gioso habr� sido acallado para siempre; en la que estar� defi�nitivamen�te extinguida la llama de la animosidad racial; en la que un c�di�go �nico de derecho internacional -producto de un juicioso an�lisis de los representantes federados del mundo- ser� sancionado por la intervenci�n instant�nea y coercitiva de las fuerzas combi�nadas de las unidades federadas; y, finalmen�te, una comunidad mundial en la que el furor de un naciona�lismo caprichoso y mili�tante ser� trocado por una perdurable conciencia de ciudadan�a mundial; as� es como se presenta, a grandes rasgos, el Orden anunciado por Bahá'u'lláh, un Orden que habr� de ser considera�do el m�s hermoso fruto de una �poca que madura lentamente...
Que no quede ning�n recelo en cuanto al prop�sito que anima a la Ley mundial de Bahá'u'lláh. Lejos de tender a la subversi�n de los fundamentos actuales de la sociedad, trata de ampliar su base, de amoldar sus instituciones en consonan�cia con las necesi�dades de un mundo en constante cambio. No est� en conflicto con compromisos leg�timos ni socava lealtades esenciales. Su prop�sito no es ni sofocar la llama de un sano e inteligente pa�triotismo en el coraz�n del hombre, ni abolir el sistema de auto�nom�a nacional, tan esencial cuando se busca evitar los males de un excesivo centralismo. No ignora ni in�tenta suprimir la diversi�dad de or�genes �tnicos, de climas, de historia, de idioma y de tradici�n, de pensamiento y de cos�tumbres que distinguen a los pueblos y naciones del mundo. Insta a una lealtad m�s amplia, a un anhelo mayor que cual�quiera de los que la raza humana haya sentido. Insiste en la subordinaci�n de m�viles e intereses nacio�nales a las imperati�vas exigencias de un mundo unificado. Re�pudia el centralismo excesivo por una parte y rechaza todo inten�to de uniformidad por otra. Su consigna es la unidad en diversi�dad, como el mismo �Abdu'l-Bahá ha aclarado...
Sus implicaciones del principio de la Unidad de la Huma�ni�dad son m�s profundas, sus aspiraciones son mayores que las que pudieron adelantar los Profetas del pasado. Su mensaje es aplicable no s�lo al individuo, sino que ata�e principalmente a la naturaleza de aquellas relaciones esenciales que han de li�gar a to�dos los Estados y naciones como a miembros de una fami�lia hu�mana. No constituye simplemente el enunciado de un ideal, sino que est� inseparablemente vinculado a una insti�tu�ci�n apropiada para encarnar su verdad, para demostrar su validez y para per�petuar su influencia. Implica un cambio or�g�nico en la estructura de la sociedad actual, un cambio que todav�a el mundo no ha ex�perimentado. Constituye un desaf�o, audaz y universal a la vez, a las gastadas consignas de los cre�dos nacionales, credos que han tenido su d�a y que, en el trans�curso normal de los sucesos, mo�delado y controlado por la providencia, deber�n abrir paso a un nuevo evangelio, funda�mentalmente diferente e infinitamente su�perior a lo que el mundo ha concebido hasta ahora. Requiere nada menos que la reconstrucci�n y la desmilitarizaci�n de todo el mundo civili�zado, un mundo org�nicamente unificado en to�dos los aspec�tos esenciales de su vida, de su maquinaria pol�tica, de su anhelo espiritual, de su comercio y de sus finanzas, de su escri�tura y de su idioma, y aun as�, infinito en la diversidad de las caracter�sticas nacionales de sus unidades federadas.
Representa la consumaci�n de la evoluci�n humana, evolu�ci�n que ha tenido sus or�genes en el nacimiento de la vida familiar, su subsiguiente desarrollo en el logro de la solidari�dad tribal, que llev� a su vez a la constituci�n de la ciudad-es�tado y que poste�riormente se expandi� en la instituci�n de la naci�n independien�te y soberana...
Pongamos un ejemplo. �Qu� confiadas eran las afirmaciones emitidas antes de la unificaci�n de los Estados del continente nor-teamericano cuando se refer�an a las barreras infranquea�bles que cerraban el paso hacia su federaci�n final! �No se de�claraba am�plia y enf�ticamente que los intereses en conflicto, la desconfianza mutua y las diferencias de Gobiernos y costum�bres que divid�an a los Estados eran tales que ninguna fuerza, ya fuere espiritual o temporal, pod�a jam�s lograr su armon�a y su control? Y, aun as�, �cu�n diferentes eran las condiciones rei�nantes hace ciento cin�cuenta a�os de las que caracterizan a la sociedad actual! En reali�dad, no ser�a exagerado decir que la ausencia de esas facilidades que el progreso cient�fico moderno ha puesto al servicio de la humanidad de nuestro tiempo ha convertido al problema de la fusi�n de los Estados norteameri�canos en una federaci�n �nica, por similares que fueran algu�nas de sus tradiciones, en una tarea much�simo m�s compleja que la que afronta una humanidad di�vidida en sus esfuerzos para lograr su unificaci�n.
�Qui�n sabe si, para que una concepci�n tan elevada tome cuerpo, no haya que infligir a la humanidad un sufrimiento m�s intenso que cualquiera de los que ya ha padecido? �Acaso algo menor que el fuego de una guerra civil con toda su vio�lencia y sus vicisitudes -una guerra que casi desgarr� a la gran rep�blica norteamericana- podr�a haber fusionado a los Esta�dos, no en una uni�n de partes independientes, sino en una naci�n, a pesar de todas las diferencias �tnicas que caracteriza-ban a los componen�tes? Parece muy poco probable que una re�voluci�n tan funda�mental, que implica cambios de tan grande al�cance en la estructu�ra de la sociedad, pueda lograrse median�te el proceso ordinario de la diplomacia y de la educaci�n. S�lo tenemos que volver nuestra mirada hacia la sangrienta historia de la humanidad para advertir que tan s�lo una intensa agon�a mental y f�sica ha sido capaz de precipitar esos cambios tras�cendentales que constituyen los m�s grandes hitos en la histo�ria de la civilizaci�n humana.
Aunque esos cambios del pasado fueron grandiosos y de mu�cho alcance, no parecen ser, al contemplarlos en la perspec�tiva apropiada, sino ajustes subsidiarios que anticipan esa transfor�maci�n de incomparable majestuosidad y trascenden�cia que ha de sufrir la humanidad en esta �poca. Lamentable�mente, se evi�dencia cada vez m�s que s�lo las fuerzas de una cat�strofe mun�dial pueden precipitar esa nueva fase del pen�samiento humano. Los hechos futuros demostrar�n cada d�a m�s la verdad de que tan s�lo el fuego de una severa aflicci�n, de intensidad iniguala�da, puede fusionar y unir las entidades discordantes que consti�tuyen los elementos de la civilizaci�n actual en los componentes de la comunidad mundial del fu�turo.
La prof�tica voz de Bahá'u'lláh advirtiendo, en los pasajes fi�nales de Las Palabras Ocultas, "a los pueblos del mundo" que "una calamidad imprevista los sigue y que un penoso castigo les espe�ra", arroja una l�brega luz sobre los destinos inmedia�tos de la humanidad afligida. S�lo una agobiante prueba, de la cual la hu�manidad surgir� purificada y preparada, lograr� implantar ese sentido de responsabilidad que los l�deres de una era naciente deber�n asumir.
Dirijo nuevamente vuestra atenci�n a las ominosas palabras que ya he citado: "Y cuando llegue la hora se�alada, aparecer� s�bitamente aquello que har� temblar a los miembros del cuerpo de la humanidad".
�Acaso el mismo �Abdu'l-Bahá no afirm� en lenguaje ine�qu�voco que "otra guerra, m�s cruenta que la anterior, induda�ble�mente estallar�"?
De la consumaci�n de esta empresa colosal e inefablemente gloriosa -empresa que frustr� los recursos de los estadistas ro�manos y que los desesperados esfuerzos de Napole�n no pudie�ron lograr- depender� la realizaci�n final de ese milenio al que los poetas de todos los tiempos han cantado y con el cual los profetas han so�ado tanto. De ella depender� el cumplimiento de las pro�fec�as anunciadas por los antiguos Profetas en el sentido de que las espadas se convertir�n en re�jas de arado y el le�n y el cordero yacer�n juntos. S�lo ella puede introducir el Reino del Padre Ce�lestial presagiado por la Fe de Jesucristo. S�lo ella puede echar los cimientos del Nuevo Orden Mundial vislumbrado por Bahá'u'lláh. Orden Mundial que habr� de reflejar, aunque d�bil�mente, el inefable esplendor del Reino de Abh� sobre la tierra.
Una palabra m�s como conclusi�n. La proclamaci�n de la Unidad de la Humanidad -piedra fundamental del dominio de Bahá'u'lláh- no debe ser comparada bajo ninguna circunstancia con algunas expresiones de piadosa esperanza pronunciadas en el pasado. El suyo no es un nuevo llamamiento proferido por �l, solo y sin ayuda, frente a la oposici�n implacable y combinada de dos de los m�s poderosos potentados orientales de su �poca, siendo �l un exiliado y prisionero en sus manos. Significa a la vez una advertencia y una promesa de que en ello reside el �nico medio de salvaci�n de un mundo en gran su�frimiento; una pro�mesa de que su concreci�n est� cercana.
Pronunciado en una �poca en que sus posibilidades todav�a no hab�an sido seriamente contempladas en ning�n lugar del mundo, mediante esa potencia celestial que le ha insuflado el Esp�ritu de Bahá'u'lláh, ha pasado a ser considerado finalmen�te, por un creciente n�mero de hombres reflexivos, no s�lo como una posibilidad cercana sino como resultado necesario de las fuerzas que hoy act�an en el mundo.
Este mundo, reducido y transformado en un �nico orga�nismo altamente complejo por el maravilloso progreso alcan�zado en el �mbito de las ciencias f�sicas, por la expansi�n mun�dial del co�mercio y la industria, y luchando bajo la presi�n de fuerzas eco�n�micas mundiales, entre los peligros de una civili�zaci�n mate�rialista, se encuentra sin duda en la urgente nece�sidad de un re�planteo de la Verdad que subyace en todas las Revelaciones del pasado en un idioma acorde con sus requisi-tos esenciales. �Y qu� otra voz que la de Bahá'u'lláh -el Porta�voz de Dios en esta era- es capaz de efectuar una transforma�ci�n tan radical de la sociedad como la que �l ya ha logrado en los corazones de esos hombres y mujeres, tan diversos y apa�rentemente irreconciliables, que cons�tituyen el conjunto de sus seguidores declarados en todo el mundo?
Pocos pueden poner en duda que una concepci�n tan ma�jes�tuosa brota con rapidez en la mente del hombre, que se al�zan vo�ces en su apoyo, y que sus rasgos m�s sobresalientes han de cris�talizar pronto en la conciencia de quienes tienen autoridad. Que sus modestos comienzos ya han tomado cuerpo en la Adminis�traci�n mundial, en la que est�n reunidos los adherentes a la Fe de Bahá'u'lláh, es un hecho que s�lo quienes tengan el coraz�n corrompido por el prejuicio dejar�n de advertir.
Ning�n mecanismo que se aparte de las normas estableci�das por la Revelaci�n Bah�'�, que est� en desacuerdo con el subli�me modelo ordenado en sus escritos, y que los esfuerzos co�lectivos de la humanidad podr�an todav�a idear, puede espe�rar alcanzar nada m�s all� de esa "Paz Menor" a la cual el Au�tor de nuestra Fe ha aludido en sus escritos. "Ya que hab�is re�cha�zado la Paz M�s Grande", ha escrito amonestando a los re�yes y gobernantes de la tierra, "aferraos a esta la Paz Menor, que quiz� pod�is en cierto grado mejorar vuestra propia con�dici�n y la de quienes dependen de vosotros". Explay�ndose sobre esta Paz Menor, �l se dirige as� en esa misma Tabla a los go�bernantes de la tierra: "Estad reconci�liados entre vosotros, para que no necesit�is m�s armamentos, salvo en la medida de salvaguardar vuestros territorios y domi�nios... Estad unidos, �oh reyes de la tierra!, pues con ello la tem�pestad de la discor�dia ser� acallada entre vosotros, y vuestro pueblo encontrar� descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si alguno de entre vosotros tomase armas contra otro, levantaos todos con�tra �l, pues esto no es sino justicia manifiesta".
Por otra parte, la Paz M�s Grande, tal como la concibe Bahá'u'lláh -paz que deber� ocurrir inevitablemente como con�se�cuencia pr�ctica de la espiritualizaci�n del mundo y la fusi�n de todas sus razas, credos, clases y naciones- no puede residir en otras bases y no puede ser preservada a trav�s de otra cosa que no sean los preceptos divinos que est�n inscritos en el Or�den Mundial vinculado a su Santo Nombre...
La Revelaci�n de Bahá'u'lláh, cuya misi�n suprema no es otra que el logro de esta unidad org�nica y espiritual del con�junto de naciones, debe ser considerada, si somos fieles a sus implicacio�nes, como la se�al del advenimiento de la madurez de toda la raza humana. No debe tom�rsela como si fuera s�lo otro renacimiento espiritual dentro de la siempre cambiante suerte de la humani�dad, ni como una etapa m�s en una serie de Reve�laciones pro�gresivas; no como la culminaci�n de una serie de repetidos ciclos prof�ticos, sino como la se�al de la �l�tima y m�s elevada etapa en la estupenda evoluci�n de la vida colec�tiva del hombre en este planeta. El surgimiento de una comu�nidad mundial, la conciencia de una ciudadan�a mundial, el establecimiento de una civilizaci�n y una cultura mundiales -todo esto sincronizado con las etapas iniciales del desenvol�vimien�to de la Edad de Oro de la Era Bah�'�- deben ser consi�derados, por su propia naturaleza y en lo que a esta vida pla�netaria se refiere, como los l�mites finales en la organizaci�n de la socie�dad humana, aunque el hombre como individuo conti�nuar� indefinidamente su progreso y desarrollo; y es m�s, de�ber� ha�cerlo como resultado de tal consumaci�n...
La humanidad toda est� gimiendo, ansiosa de ser conduci�da a la unidad y de terminar con su largo martirio. Y, sin em�bargo, se resiste tercamente a abrazar la luz y a reconocer la soberana au�toridad del �nico Poder que puede arrancarla de sus com�plica�ciones y conjurar la funesta calamidad que ame�naza devo�rarla.
Ominosa es, por cierto, la voz de Bahá'u'lláh que resuena en estas prof�ticas palabras: "�Oh vosotros pueblos del mundo! Sa�bed en verdad que una calamidad imprevista os persigue y un doloroso castigo os aguarda. No pens�is que las acciones que ha�b�is cometido han sido ocultadas a mi vista". Y nueva�mente: "Tenemos un tiempo fijado para vosotros, oh pueblos. Si a la hora se�alada no os volv�is hacia Dios, �l en verdad os asir� violen�tamente y har� que penosas aflicciones os acosen de todas direc�ciones. �Cu�n severo es, en verdad, el castigo con que vuestro Se��or os castigar� entonces!
�Debe la humanidad, atormentada como lo est� ahora, ser castigada por penurias m�s severas a�n hasta que su influencia purificadora pueda prepararla para entrar en el Reino celestial que ha de establecerse sobre la tierra? La inauguraci�n de tan vasta, tan �nica, tan luminosa era en la historia humana, �debe ser anunciada por una cat�strofe tan grande en los asuntos hu�manos que recuerde, o incluso sobrepase, al espantoso co�lapso de la civilizaci�n romana en las primeras centurias de la Era Cristia�na? �Una serie de profundas convulsiones debe agitar y estreme�cer a la raza humana hasta que Bahá'u'lláh pueda ser entronizado en los corazones y las conciencias de las masas, hasta que su in�discutida ascendencia sea reconocida universalmente y el noble edificio de su Orden Mundial sea erigido y establecido?
Han quedado atr�s los largos per�odos de infancia y ni�ez por los que la raza humana ha pasado. La humanidad est� ahora ex-perimentando las conmociones invariablemente aso�ciadas con la m�s turbulenta etapa de su evoluci�n, la etapa de la adolescencia, cuando la impetuosidad de la juventud y su vehemencia alcanzan su punto culminante y deben ser gra�dualmente seguidas por la calma, la sabidur�a y la madurez que caracterizan a la edad adulta. Entonces la raza humana al�canzar� ese nivel de madurez que le permitir� adquirir todos los poderes y capacidades de los cuales ha de depender su de�sarrollo final.
La unificaci�n de toda la humanidad es el distintivo de la etapa a la cual la sociedad se est� ahora aproximando. La uni�dad de la familia, de la tribu, de la ciudad-estado y de la na�ci�n ha sido intentada sucesivamente y establecida por com�pleto. La uni�dad mundial es la meta hacia la cual se est� esfor�zando una hu�manidad hostigada. La formaci�n de nacio�nes ha llegado a su fin. La anarqu�a inherente a la soberan�a del Esta�do est� movi�ndose hacia su cl�max. Un mundo en camino ha�cia la madurez debe abandonar este fetiche, reconocer la uni-dad y la integridad de las relaciones humanas, y establecer de una vez por todas el meca�nismo que mejor pueda encarnar este principio fundamental de su vida...
La Unidad de la raza humana, vista por Bahá'u'lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que todas las razas, credos y clases est�n estrecha y permanente�mente uni�das, en que la autonom�a de sus Estados miembros, la liber�tad personal y la iniciativa de los individuos que la componen est�n definitiva y completamente resguardadas. Esta manco�munidad debe, tal como podemos visualizarla, consistir en una legislatura mundial, cuyos miembros, en cali�dad de albaceas de toda la hu�manidad, controlar�n definitiva y enteramente los recursos de todas las naciones que la compon�gan y formular�n aquellas leyes que sean requeridas para re-glamentar la vida, satisfacer las nece�sidades y ajustar las rela�ciones de todas las razas y pueblos. Un ejecutivo mundial, res�paldado por una fuerza internacional, lle�var� a cabo las deci�siones a que se haya llegado y aplicar� las le�yes aprobadas por esta legislaci�n mundial y resguardar� la uni�dad org�nica de toda la manco�munidad. Un tribunal mundial adjudicar� y dictaminar� su ve�redicto obligatorio y final en todas y cuales�quiera disputas que surjan entre los varios elementos constitu-yentes de este sistema universal. Un mecanismo de inter�co�municaci�n mundial ser� ideado, el cual abarcar� a todo el planeta, liberado de las trabas y restricciones nacionales, fun�cio�nando con maravillosa rapi�dez y perfecta regularidad. Una me�tr�polis mundial actuar� como el centro nervioso de una civili�zaci�n mundial, el foco hacia el que las fuerzas unificado�ras de la vida han de conver�gir y de donde se irradiar�n sus influencias de energ�a. Un idioma mundial ser� inventado o elegido de entre los idiomas existentes y ense�ado en las escue�las de todas las nacio�nes fe�deradas como un auxiliar del idioma materno. Una escritu�ra mundial, una literatura mun�dial, un sistema monetario, de pe�sas y medidas uniforme y universal, simplificar� y facilitar� el in�tercambio y entendi�miento entre las naciones y razas de la hu�manidad. En seme-jante sociedad mundial la ciencia y la re�ligi�n, las dos fuerzas m�s potentes de la vida humana, se re�conciliar�n, cooperar�n y se desarrollar�n armoniosamente. La prensa, bajo tal sistema, a la vez que dar� plena libertad a la expresi�n de los diversos puntos de vista y convicciones de la humanidad, cesar� de ser perversamente manipulada por inte�reses creados, sean �s�tos privados o p�blicos, y ser� liberada de la influencia de Go�bier�nos y pueblos contendientes. Los re�cursos econ�micos del mundo ser�n organizados, sus fuentes de materias primas se�r�n explotadas y totalmente utilizadas, sus mercados ser�n coordina�dos y desarrollados, y la distribu�ci�n de sus produc�tos ser� equi-tativamente regulada.
Las rivalidades, odios e intrigas nacionales cesar�n, y la ani�mosidad y perjuicio raciales ser�n reemplazados por amis�tad, en�tendimiento y cooperaci�n racial. Las causas de lucha religiosa ser�n definitivamente eliminadas, las barreras y res�tricciones econ�micas ser�n completamente abolidas y la exce�siva distin�ci�n entre clases ser� suprimida. Pobreza extrema por una parte y exagerada acumulaci�n de bienes por otra de�saparecer�n. La enorme energ�a disipada y derrochada en la guerra, ya sea eco�n�mica o pol�tica, ser� consagrada a aquellos fines que extiendan el alcance de las invenciones humanas y del desarrollo tecnol�gi�co al aumento de la productividad de la humanidad, al extermi�nio de las enfermedades, a la exten�si�n de la investigaci�n cient�fica, a la elevaci�n del nivel de salud f�sica, a la agudizaci�n y re�finamiento del cerebro huma�no, a la explotaci�n de los inusitados e insospechados recursos del planeta, a la prolongaci�n de la vida humana y al fomento de cualquier otro agente que pueda estimu�lar la vida intelec�tual, moral y espiritual de toda la raza humana.
Un sistema federado mundial, gobernando toda la tierra y ejerciendo irrefutable autoridad sobre sus vastos e inimagina�bles recursos, que armonice y encarne los ideales del Este y Oeste, li�berado de la maldici�n de la guerra y sus miserias y dedicado a la explotaci�n de todos los recursos disponibles de energ�a sobre la superficie del planeta; un sistema en el cual la Fuerza es trans�formada en siervo de la Justicia, cuya vida es sostenida por el re�conocimiento universal de un solo Dios y por su lealtad a una Revelaci�n com�n, tal es la meta hacia la cual la humanidad, im�pelida por las fuerzas unificadoras de la vida, est� avanzando.
La aflicci�n que sacudir� al mundo y que Bahá'u'lláh ha pro�fetizado en forma tan v�vida como se ha citado en p�ginas ante�riores, puede encontrar que esta naci�n (Estados Unidos) sea arrastrada a su v�rtice, hasta un grado sin precedentes. De esto probablemente surgir�, a diferencia de sus reacciones al �ltimo conflicto mundial pasado, conscientemente decidida a aprove�char su oportunidad para hacer que todo el peso de su influencia recaiga sobre los gigantescos problemas que tales acontecimien�tos suscitar�n subsiguientemente, y para ahuyen�tar de modo permanente, en uni�n con sus naciones hermanas tanto del Oriente como del Occidente, a la mayor maldici�n que de tiempo inmemorial ha afligido y degradado a la raza humana.
Entonces, y s�lo entonces, la naci�n americana, moldeada y purificada en el crisol de una guerra com�n, endurecida por sus rigores y disciplinada por sus escarmientos, se encontrar� en po�sici�n para elevar su voz en los consejos de las naciones, para colocar ella misma la fundaci�n de la paz universal y du�radera, proclamar la solidaridad, unidad y madurez de la hu�manidad y asistir al establecimiento en la tierra del reino de la rectitud pro�metida. Entonces, y s�lo entonces, la naci�n ameri�cana, mientras que la comunidad de creyentes americanos dentro de su coraz�n est� consumando su misi�n divinamente asignada, podr� realizar el destino inefablemente glorioso de�cretado para ella por el To�dopoderoso e inmortalmente graba�do en los escritos de �Abdu'l-Bahá. Entonces, y solo entonces, la naci�n americana lograr� "aquello que adornar� las p�ginas de la historia", "se convertir� en la envidia del mundo y ser� bendita tanto en el Oriente como en el Occidente".
El mundo se mueve, realmente, hacia su destino. La inter�de-pendencia de los pueblos y naciones de la tierra es ya un he�cho consumado, a pesar de lo que digan o hagan los jefes de las fuer�zas que dividen al mundo. Su unidad en la esfera eco�n�mica es ahora entendida y reconocida. El bienestar de una parte significa el bienestar del todo y la miseria de una parte trae la miseria al todo. La Revelaci�n de Bahá'u'lláh, en sus propias palabras, ha "dado un nuevo impulso y fijado una nueva direcci�n" a este vasto proceso que opera ahora en el mundo. Las llamas encendi�das por esta gran prueba aflictiva son consecuencia de que los hombres no la hayan reconocido. Por otra parte, est�n apresu�rando su plena realizaci�n. Una adversi�dad prolongada, mun�dial, desconsoladora, unida al caos y la des�trucci�n universal, debe necesariamente convul�sionar a las nacio�nes, remover la con�ciencia del mundo, desi�lusionar a las masas, producir un cambio radical en la concep�ci�n misma de la socie�dad y refundir, por �l�timo, los desarti�culados y sangrantes miembros de la humanidad en un solo cuerpo, �nico, org�nica�mente unido e indivisible.
Al car�cter general, las implicaciones y rasgos distintivos de esa mancomunidad mundial, destinada a surgir, tarde o tem�prano, de la carnicer�a, angustia y devastaci�n de esta gran con�vulsi�n mundial, ya me he referido en mis comunicaciones pre�vias. Baste decir que esta consumaci�n ser� por su misma natura�leza un proceso gradual y debe, como Bahá'u'lláh mismo lo ha previsto, conducir primero al establecimiento de la Paz Menor que han de instaurar por s� mismas las naciones de la tierra, las cuales se hallan a�n inconscientes de su Revelaci�n y, sin saberlo, est�n poniendo en vigor los principios generales que �l ha enun�ciado. Este trascendental e hist�rico paso, que implica la recons�trucci�n de la humanidad como resultado del reconocimiento universal de su unicidad e integridad, traer� consigo la espiritua�lizaci�n de las masas como consecuencia de la confesi�n del ca�r�cter y el reconocimiento de las preten�sio�nes de la Fe de Bahá'u'lláh: condici�n esencial para esa fu�si�n final de todas las razas, credos, clases y naciones, que debe se��alar la aparici�n de su Nuevo Orden Mundial.
Entonces ser� proclamada y celebrada la llegada a la madu�rez de toda la raza humana por todos los pueblos y naciones de la tierra. Entonces ser� enarbolado el estandarte de la Paz M�s Grande. Entonces ser� reconocida, aclamada y establecida fir�memente la soberan�a mundial de Bahá'u'lláh, el Establece�dor del Reino del Padre, anunciado por el Hijo y predicho por los Profe�tas de Dios antes y despu�s de �l. Entonces nacer�, florecer� y se perpetuar� una civilizaci�n mundial; civilizaci�n con una pleni�tud de vida tal como el mundo jam�s ha visto ni puede todav�a concebir. Entonces se cumplir� plenamente el Convenio Sempi�terno. Entonces se verificar� la promesa ence�rrada en todos los libros de Dios, y acontecer�n todas las pro�fe�c�as pronunciadas por los Profetas de anta�o, y se realizar�n los sue�os de los vi�dentes y poetas. Entonces el planeta, vivifi�cado por la Fe univer�sal de sus habitantes en un solo Dios y su lealtad a una Revela�ci�n com�n, reflejar�, dentro de las limita�ciones que le han sido impuestas, la resplandeciente gloria de la soberan�a de Bahá'u'lláh, brillando en la plenitud de su es�plendor en el Para�so de Abh�, y ser� hecho el escabel de su Trono en las alturas, y aclamado como el cielo terrenal, capaz de cumplir el inefable des�tino que, desde tiempo inmemorial, le ha sido fijado por el amor y sabidur�a de su Creador.
�l (Bahá'u'lláh) sostiene sin reservas el principio de seguri�dad colectiva; recomienda la reducci�n de los armamentos na�cionales y proclama la necesaria e inevitable convocatoria de una reuni�n mundial, en la que los reyes y gobernantes del mundo delibera�r�n para el establecimiento de la paz entre las naciones.
Durante esta Edad Formativa de la Fe, y en el curso de la �poca actual y las sucesivas, se habr� completado la etapa final y culminante de la erecci�n de la estructura del Orden Admi�nistra�tivo de la Fe de Bahá'u'lláh (la elecci�n de la Casa Uni�versal de Justicia); el Kitáb-i-Aqdas, el Libro Madre de su Reve�laci�n, habr� sido codificado y sus leyes promulgadas; se habr� establecido la Paz Menor, se habr� logrado la unidad de la humanidad y alcan�zado su madurez, el Plan concebido por �Abdu'l-Bahá se habr� ejecutado, la emancipaci�n de la Fe de las garras de la ortodoxia religiosa y su car�cter religioso inde�pendiente habr� sido univer�salmente reconocido...
... No podemos evitar percibir el funcionamiento de dos pro�cesos simult�neos que datan de los a�os finales de la Edad Media de nuestra Fe, cada uno de ellos n�tidamente definido, cada uno claramente separado, sin embargo estrechamente re�lacionados y destinados a culminar, en la plenitud del tiempo, en una misma consumaci�n gloriosa.
Uno de estos procesos est� asociado con la misi�n de la Co�munidad Bahá'í americana, el otro con el destino de la na�ci�n americana. El uno sirve directamente a los intereses del Orden Administrativo de la Fe de Bahá'u'lláh...
El otro proceso data del estallido de la Primera Guerra Mun�dial que arroj� a las grandes rep�blicas del Occidente al v�rtice de la primera etapa de una convulsi�n mundial. Reci�bi� su im�pulso inicial a trav�s de la formulaci�n de los Catorce Puntos del Presidente Wilson, asociando estrechamente por primera vez a aquella rep�blica con las fortunas del Viejo Mundo. Sufri� su primer contratiempo con la disociaci�n de esa rep�blica de la re�ci�n nacida Liga de las Naciones que ese presidente se hab�a es�forzado en crear. Adquiri� m�s �mpetu con el estallido de la Se-gunda Guerra Mundial, infligiendo un sufrimiento sin preceden�tes sobre aquella rep�blica y com�prometi�ndola a�n m�s en los asuntos de todos los continentes del globo. Se reforz� a�n m�s con la declaraci�n incorporada en la Carta Atl�ntica, tal como fue expresado por uno de sus principales progenitores, Franklin D. Roosevelt. Asumi� un perfil definido con el nacimiento de las Naciones Unidas en la Conferencia de San Francisco. Adquiri� mayor significado con la elecci�n de la Ciudad del Convenio misma como la sede de la organizaci�n reci�n nacida, con la de�claraci�n reciente del presidente americano relativa a los com-promisos de su pa�s en Grecia y Turqu�a, as� como con la sumi�si�n a la Asamblea Ge�neral de las Naciones Unidas del espinoso y desafiante pro-blema de Tierra Santa (el centro espiritual y ad�ministrativo de la Fe Mundial de Bahá'u'lláh). Por muy largo y tortuoso que sea el camino, debe conducir, a trav�s de una serie de victorias y reveses, a la unificaci�n pol�tica de los hemisferios oriental y occidental, al nacimiento de un Gobierno mundial y al estable�cimiento de la Paz Menor en la Edad de Oro de la Dispen�sa�ci�n de Bahá'u'lláh, tal como fue predicho por Bahá'u'lláh y anunciado por el Profeta Isa�as. Debe, por �ltimo, culminar en el despliegue de la bandera de la Paz M�s Grande, en la Edad de Oro de la Dispensaci�n de Bahá'u'lláh.
La construcci�n de este Edificio (el Archivo Internacional Bah�'�) marcar� a su vez el comienzo de la construcci�n, en el curso de sucesivas �pocas de la Edad Formativa de la Fe, de otras estructuras que servir�n de sedes administrativas de instituciones divinamente designadas como la Guardian�a, las Manos de la Causa y la Casa Universal de Justicia. Siguiendo un estilo arm�nico de arquitectura y en la forma de un arco alargado, estos Edificios rodear�n los lugares de reposo de la Hoja M�s Sagrada, que ocupa el m�ximo rango entre los miembros de su sexo en la Dispensaci�n Bah�'�, de su Herma�no, ofrecido por Bahá'u'lláh como rescate para avisar y unificar el mundo, y de su Madre, proclamada por �l como "su consor�te escogida en todos los mundos de Dios". La terminaci�n final de esta enorme tarea mar�car� la culminaci�n del desarrollo de un Orden Administrativo divinamente designado, cuyos co�mienzos se remontan hasta los a�os finales de la Edad Heroica de la Fe.
Este vasto e irresistible proceso, sin parang�n en la historia espiritual de la humanidad y que sincronizar� con dos desa�rro�llos no menos significativos -el establecimiento de la Paz Menor y la evoluci�n de las instituciones bah�'�s nacionales y locales: uno externo y el otro interno al mundo bah�'�-, alcanza�r� su consu�maci�n final, en la Edad de Oro de la Fe, al izarse el estandarte de la Paz M�s Grande y al surgir, en la plenitud de su poder y glo�ria, el Centro focal de los organismos que consti�tuyen el Orden Mundial de Bahá'u'lláh. El establecimiento final de esta sede de la Mancomunidad Mundial Bahá'í se�alar� al mismo tiempo la proclamaci�n de la soberan�a del Fundador de nuestra Fe y el advenimiento del Reino del Padre repetida�mente elogiado y prometido por Jesucristo.
Este Orden Mundial, a su vez, en el curso de Dispensacio�nes sucesivas del Ciclo Bah�'�, dar� su fruto m�s selecto con el naci�miento y florecimiento de una civilizaci�n, divinamente inspira�da, singular en sus aspectos, de alcance mundial y de car�cter fundamentalmente espiritual -una civilizaci�n desti�nada, a medi�da que se vaya desenvolviendo, a derivar su im�pulso inicial del esp�ritu que anima a las mism�simas institu-ciones que, en su es�tado embrionario, est�n removi�ndose ahora en la matriz de la Edad Formativa actual de la Fe.
SELECCI�N DE CARTAS ESCRITASEl mundo se halla envuelto en una gran confusi�n y lo m�s pat�tico es que ha aprendido a mantenerse apartado de Dios, el �nico que lo puede salvar y aliviar de sus sufrimientos. No�sotros, a quienes se nos ha confiado la tarea de aplicar el re�medio divino dado por Bahá'u'lláh, tenemos el deber de con�centrar nuestra atenci�n sobre la consumaci�n de esta tarea y no descansar hasta que la paz predicha por los Profetas de Dios est� permanente�mente establecida.
Shoghi Effendi escribi� su reciente carta general (La Meta de un Nuevo Orden Mundial) a los amigos de Occidente porque cre�a que se debe hacer comprender al p�blico la actitud que la Fe Bahá'í mantiene hacia los problemas econ�micos y pol�ticos actuales. Debemos dar a conocer al mundo lo que fue el pro�p�sito de Bahá'u'lláh. Hasta ahora la Unidad de la Humanidad ten�a s�lo importancia acad�mica. Ahora se est� convirtiendo cada vez m�s en tema a ser planteado por estadistas interna�cionales. Est� lle�gando al campo de la pol�tica pr�ctica. En con-secuencia, es una oportunidad maravillosa para que salgamos y expongamos la en�se�anza al frente que es la meta y prop�si�to de los preceptos so�ciales de Bahá'u'lláh. Shoghi Effendi es�pera que los amigos har�n resonar esta llamada a una unidad org�nica de la humanidad hasta que forme parte de la fe cons�ciente de cada hombre vivo en el mundo. Sin embargo, es ne�cesario tener gran prudencia, no sea que seamos malentendi�dos y clasifiquen a nuestra Fe entre los movimientos radi�cales.
Shoghi Effendi desea que le acuse recibo de su carta con fe�cha del 26 de enero de 1932 que acompa�aba a una copia im�presa de su �ltima carta general (La Meta de un Nuevo Orden Mundial)... Est� profundamente agradecido al enterarse de que los amigos lo encuentran bastante interesante y digno de con�sideraci�n como para hacer de su contenido el tema de su campa�a de ense�anza. Sinceramente espera que esto tambi�n descubra a algunos amigos la importancia de esta ense�anza de la Causa y les estimule a ha�cer un estudio concienzudo y profundo de ella. Pues indudable�mente forma la meta de los preceptos sociales de la Fe. No hay ninguna raz�n por la que los bah�'�s no deban tomar la delantera en abogar por tal Fede�raci�n del mundo, hacia la cual el mundo est� siendo conduci�do por fuerzas que no puede controlar.
Las diferentes naciones del mundo nunca alcanzar�n la paz excepto tras reconocer el significado de las ense�anzas y de�fen�derlas con entusiasmo, pues a trav�s de esos preceptos to�dos los problemas internacionales se resolver�n y todo hombre consegui�r� el ambiente espiritual en el que pueda evolucionar su alma y producir sus mejores frutos.
El Guardi�n tambi�n ley� con profundo inter�s todos los pa�peles adjuntos. Est� firmemente convencido de que median�te la perseverancia y la acci�n concertada, la causa de la Paz acabar� triunfando sobre todas las oscuras fuerzas que amena�zan el bien�estar y el progreso del mundo actual. Pero tales in�tentos pura�mente humanos son sin duda ineficaces a menos que est�n inspi�rados y guiados por el poder de la fe. Sin la asistencia de Dios, tal como me�diante el mensaje de Bahá'u'lláh, la paz nunca se puede esta�blecer adecuadamente y con seguridad. Pasar por alto la solu�ci�n bah�'� para la paz mundial equivale a construir sobre ci�mien�tos de arena. Acep�tarla y aplicarla es hacer que la paz sea no un mero sue�o, ni un ideal, sino una realidad viva. �ste es el punto que el Guar�di�n desea que usted desarrolle, que vuelva a subra-yar una y otra vez y que apoye con argumentos convincentes. El pro-grama bah�'� de paz es, de hecho, no s�lo una manera de al�canzar esa meta. Ni siquiera es relativamente la mejor. Es, en �l�tima instancia, el �nico instrumento eficaz para el estableci�miento del reino de paz en este mundo. Esta actitud no implica repudiar totalmente ninguna de las otras soluciones ofrecidas por diversos fil�ntropos. Simplemente muestra que no son adecuados al com�pararlos con el Plan Di�vino para la unifica�ci�n del mundo. No podemos evadir la ver�dad de que nada mundano puede, en �lti�ma instancia, ser du�radero, a menos que est� apoyado y sosteni�do por el poder de Dios.
Cualesquiera que sean nuestros contratiempos y por formi�dables que sean las fuerzas de la oscuridad que hoy nos ase�dien, la unificaci�n de la humanidad delineada y asegurada por el Or�den Mundial de Bahá'u'lláh ser� establecida firme y permanen�temente en la plenitud de los tiempos. �sta es la promesa de Bahá'u'lláh y ning�n poder de la tierra puede, a la larga, impedir su realizaci�n adecuada ni siquiera retrasarla. En consecuencia, los amigos no deben perder la esperanza, sino que, plenamente conscientes de su poder y su papel, de�ben perseverar en sus po�tentes esfuerzos por la extensi�n y la con�solidaci�n del dominio universal de Bahá'u'lláh en la tie�rra.
En cuanto al Ejecutivo Internacional al que el Guardi�n hace referencia en su Meta de un Nuevo Orden Mundial, se debe ob�ser�var que esto no se refiere de ninguna manera a la Manco�munidad Bahá'í del futuro, sino simplemente a ese Gobierno mundial que preceder� al advenimiento y conducir� al esta�blecimiento final del Orden Mundial de Bahá'u'lláh. La forma�ci�n de este Ejecutivo Mundial, que corresponde a la cabeza o cuerpo ejecutivo en los Gobiernos nacionales actuales, no es m�s que un paso que condu�ce al Gobierno mundial bah�'� del futuro y por ello no debe ser identificado con la instituci�n de la Guardian�a ni con la de la Casa Internacional de Justicia.
Con relaci�n a su trabajo de ense�anza: lo que el Guardi�n de�sea que usted subraye con �nfasis en todas sus charlas es la su�prema necesidad de que todos los individuos y naciones adopten hoy d�a en su integridad el programa social dado por Bahá'u'lláh para la reconstrucci�n de la vida religiosa, econ�mica y pol�tica de la humanidad. �l desea que usted explique y analice los ele�mentos que ayudan a levantar este Divino Orden Mundial a la luz de las condiciones y acontecimientos actuales del mundo. �l cree que se le debe dar especial �nfasis a la in�minente necesidad de establecer un Estado mundial superna�cional y soberano, como el que describi� Bahá'u'lláh. Al ser progresivamente sometido el mundo a tumultos y convulsio�nes jam�s experimentados ante�riormente, la comprensi�n de tal necesidad est� penetrando las conciencias no s�lo de los sabios y los eruditos, sino tambi�n de la gente com�n. En con�secuencia, los creyentes deben aprovechar esta oportunidad y hacer un esfuerzo supremo para presentar, en lenguaje convin�cente y elocuente, aquellas ense�anzas sociales y humanitarias de la Fe que nosotros creemos que constituyen la �nica pana�cea para los innumerables males que afligen a nuestro mundo actual.
Con referencia a su pregunta sobre la referencia de �Abdu'l-Bahá a la "unidad en el reino pol�tico": esta unidad se debe dis�tinguir claramente de la "unidad de las naciones". La prime�ra es una unidad que Estados soberanos y pol�ticamente inde�pendien�tes alcanzan entre ellos, mientras que la segunda es una que se realiza entre naciones, siendo la diferencia entre un Estado y una naci�n que el primero, como usted sabe, es una entidad pol�tica sin ser necesariamente de raza homog�nea, mientras que la se�gunda implica una homogeneidad nacional adem�s de pol�tica.
En cuanto a su trabajo de ense�anza: el Guardi�n ya le ha aconsejado que subraye en sus charlas la idea de superestado mundial y el concepto de la Unidad de la Humanidad que consti�tuye su base subyacente. Adem�s �l desea que usted tambi�n en�fa�tice el hecho de que la humanidad, tomada como un todo, ha entrado en la etapa m�s cr�tica y trascendental de su evoluci�n, la etapa de la madurez. La idea de la llegada a la edad de madurez de la humanidad constituye el n�cleo central de las Ense�anzas Bahá'ís y es el aspecto m�s distintivo de la Revela�ci�n de Bahá'u'lláh. Una comprensi�n correcta de este concep�to propor�ciona la clave para una apreciaci�n adecuada de la tremenda de-claraci�n hecha por el Autor de la Fe, tanto con respecto a su propio rango como a la incomparable gran�deza de su Dispensa�ci�n.
Con respecto a la pregunta que usted ha hecho sobre la fe�cha y la forma en que se establecer�n la Paz Menor y la Mayor, refe�ridas por Bahá'u'lláh, despu�s de la pr�xima guerra mun�dial: opina que la Paz Menor se producir� mediante los esfuer�zos po�l�ticos de los Estados y las naciones del mundo, inde�pendiente�mente de cualquier plan o esfuerzo directo bah�'�, y que la Paz Mayor se establecer� a trav�s de los creyentes y mediante la ope�raci�n directa de las leyes y principios revela�dos por Bahá'u'lláh y el funcionamiento de la Casa Universal de Justicia como el �rga�no supremo del superestado Bah�'�; su punto de vista sobre este tema es muy correcto y est� ple�na�mente de acuerdo con los pro�nunciamientos del Guardi�n ex�presados en el Desenvolvimiento de la Civilizaci�n Mundial.
Aunque es prematuro intentar y esforzarse en prever sobre qu� base estar�an representadas diversas naciones en cualquier Consejo internacional, o en cualquier forma internacional de Go�bierno, est� claro que desde el punto de vista bah�'� s�lo se po�dr�a realizar sobre una base de verdadera justicia; y la justi�cia no implica que una raza tenga un voto preponderante sobre los re�presentantes de otra raza, estando as� en posici�n de dominar�les.
A lo que se refer�a �Abdu'l-Bahá sobre el levantamiento de las mujeres para la paz, es que �ste es un asunto que afecta vi�talmen�te a las mujeres, y que cuando formen un conjunto abrumador y consciente de opini�n p�blica contra la guerra, no puede haber guerra. Las mujeres bah�'�s ya est�n organiza�das al ser miembros de la Fe y del Orden Administrativo. No es necesario que se or�ganicen m�s. Pero, a trav�s de la ense��anza y el apoyo moral ac�tivo que den a todo movimiento di-rigido hacia la paz, deber�an intentar ejercer una fuerte in�fluencia sobre las conciencias de otras mujeres con respecto a este asunto esencial.
Las Siete Luces de Unidad no aparecer�n necesariamente en el orden dado. Un producto de la segunda puede bien ser la cultura universal.
Las ense�anzas de Bahá'u'lláh establecer�n una nueva forma de vida para la humanidad. Aquellos que son bah�'�s han de es�forzarse por establecer esta forma de vida lo m�s r�pido posible. Ahora que ha llegado la hora en que est� ganan�do importancia la Fe Bahá'í y est� siendo analizada y examina�da por tantas perso�nas, es necesario que los adherentes de la Fe vivan en conformi�dad con los elevados ideales de la Fe en todas las maneras. De esta forma pueden demostrar que la Fe Bahá'í s� crea una la Vo�luntad de Dios y en consecuencia el es-tablecimiento de una so�ciedad pac�fica y universal. Las atadu�ras que causan divisiones son de los hombres, mientras que el servicio universal es de Dios.
El Guardi�n est� ahora ansioso de que todos los amigos ob�tengan una conciencia universal y una forma de vida univer�sal.
El Gobierno mundial llegar�, pero no sabemos la fecha.
SELECCI�N DE CARTAS DECuando Bahá'u'lláh proclam� su Mensaje al mundo en el siglo diecinueve, dej� muy claro que el primer paso esencial para la paz y el progreso de la humanidad era su unificaci�n. As�, dice: "El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcan�zables, a menos que su unidad sea firmemente es�tablecida."* Sin embargo, hasta hoy usted observar� que la ma�yor�a de la gente toma el punto de vista contrario: consideran la unidad como una meta �ltima casi inalcanzable y se concen�tran primero en reme�diar todos los otros males de la humani�dad. Si s�lo lo supieran, estas otras enfermedades no son m�s que diversos s�ntomas y efectos secundarios de la enfermedad b�sica: la falta de unidad.
Adem�s, Bahá'u'lláh ha afirmado que la revivificaci�n de la humanidad y la curaci�n de todos sus males s�lo se pueden con�seguir a trav�s de su Fe...
Shoghi Effendi nos dice que dos grandes procesos est�n en funcionamiento en el mundo: El gran Plan de Dios, de progre�so tumultuoso, operando a trav�s de la humanidad como un todo, derrumbando las barreras a la unidad mundial y fra�guando a la humanidad en un cuerpo unificado en los fuegos del sufrimiento y la experiencia. Este proceso producir�, cuando Dios lo dispon�ga, la Paz Menor, la unificaci�n pol�tica del mundo. Entonces la humanidad se asemejar� a un cuerpo que est� unificado pero sin vida. El segundo proceso, la tarea de infundir vida en este cuerpo unificado -de crear verdadera unidad y espiritualidad culminan�do en la Paz Mayor-, es el de los bah�'�s, que est�n trabajando conscientemente, con instruc�ciones detalladas y gu�a divina con�tinua, para erigir el tejido del Reino de Dios sobre la tierra, al que llaman a sus cong�ne�res, confiri�ndoles as� vida eterna.
Es cierto que �Abdu'l-Bahá hizo pronunciamientos que re�la�cionaban el establecimiento de la unidad de las naciones con el siglo veinte. Por ejemplo: "... La quinta luz es la unidad de las naciones, una unidad que ser� seguramente establecida en este siglo, haciendo que todos los pueblos del mundo se consi�deren ciudadanos de una sola patria com�n..." Y en El D�a Prometido ha Llegado, despu�s de una afirmaci�n similar citada de Contestaci�n a unas Preguntas, Shoghi Effendi hace este co�mentario: "�sta es la etapa a la que el mundo se est� aproxi�man�do ahora, la etapa de la unidad mundial, que, seg�n nos asegu�ra �Abdu'l-Bahá, se esta�blecer� con toda seguridad en este siglo".
Tambi�n est� la siguiente cita, tomada de una carta escrita en 1946 a un creyente individual, de parte del amado Guar�di�n, por su secretaria:
"... Lo �nico que sabemos es que la Paz Menor y la Mayor s� vendr�n -sus fechas exactas no las conocemos. Lo mismo se aplica a la posibilidad de una guerra futura; no podemos afir�mar dogm�ticamente que ocurrir� o no ocurrir�- lo �nico que sabe�mos es que la humanidad debe sufrir y ser castigada bas�tante para hacer que se vuelva a Dios".
SELECCI�N DE CARTAS ESCRITAS DE PARTE... La Fe Bahá'í aspira a eliminar toda guerra, incluida la nu�clear. El prop�sito fundamental de nuestra Fe es la unidad y el es�tablecimiento de la paz. Esta meta, que es el anhelo de per�sonas de todo un mundo progresivamente inseguro, s�lo se puede al�canzar mediante las Ense�anzas de Bahá'u'lláh. Como s�lo los bah�'�s pueden dar estas Ense�anzas a la humanidad, los amigos deben sopesar con cuidado c�mo emplean su tiempo y energ�a y evitar asociarse con actividades que les distraigan indebidamente de su responsabilidad primaria de compartir el Mensaje de Bahá'u'lláh.
Actualmente el tema del desarme nuclear se ha convertido en un tema muy pol�tico, dando lugar a manifestaciones no s�lo en los Estados Unidos sino tambi�n en Inglaterra y algu�nos pa�ses europeos. Destacar s�lo el desarme nuclear dista mucho de la postura bah�'� e implicar�a a la Fe en las disputas actuales entre naciones. Est� muy claro que los bah�'�s creen que el desarme es esencial, no s�lo de armas nucleares sino tambi�n de las biol�gi�cas, las qu�micas y todas las otras for�mas.
Con respecto a la transici�n del sistema actual de soberan�a nacional a un sistema de Gobierno mundial, la Casa de Justicia est� plenamente de acuerdo con su punto de vista de que los bah�'�s deben hacer ahora diversas actividades relacionadas, to�das ellas metas del Plan de Siete A�os actual. En primer lu�gar, el establecimiento lo m�s r�pidamente posible de Asam�bleas Espiri�tuales Locales con base firme y funcionamiento efi�caz en todas las partes del mundo, para que los buscadores de todas partes ten�gan un punto de referencia al que poder vol�verse para recibir gu�a y las Ense�anzas de la Fe. En segundo lugar est� la profun�dizaci�n de los creyentes, de todas las eda�des, en su comprensi�n y obediencia de las Ense�anzas. En tercer lugar est� la proclama�ci�n de la Fe a todos los estratos de la sociedad, y sobre todo a los que est�n en puestos de au�toridad y a los l�deres del pensamien�to, para que aquellos que tienen en sus manos el liderazgo de los pueblos aprendan con exactitud sobre la naturaleza y los princi�pios de la Fe y lleguen a respetarla y a poner en pr�ctica sus principios. En cuarto lu�gar est� la promoci�n de la erudici�n bah�'�, para que un n��mero creciente de creyentes pueda analizar los problemas de la humanidad en cada campo y mostrar c�mo los resuelven las Ense�anzas. En quinto lugar est� el desarrollo de relaciones entre la Comunidad Internacional Bahá'í y las Na�ciones Uni�dad, tanto por v�a directa con las m�s altas institucio-nes de la ONU como al nivel de las ra�ces en �reas de educaci�n, desa-rrollo rural, etc.
Como usted sin duda sabe, el Guardi�n indic� que el desa�rro�llo de la humanidad, desde su condici�n actual ca�tica hasta la etapa de la Mancomunidad Mundial Bah�'�, ser�a largo y gradual. La creaci�n de una Autoridad Mundial y la inaugu�raci�n de la Paz Menor es una transformaci�n principal en este proceso y vendr� seguida por otras etapas del desarrollo de la Fe tal como lo delinea Shoghi Effendi en sus escritos. Sin duda, a medida que vayan teniendo lugar estos desarrollos, tendr� gran influencia en el curso del progreso el consejo que las insti-tuciones de la Fe puedan dar a los Gobiernos, el modelo de administraci�n mun�dial ofrecido por la comunidad bah�'� y los grandes proyectos humanitarios que se lanzar�n bajo el patro�cinio de la Casa Uni�versal de Justicia.
... Es cierto que los bah�'�s no somos pacifistas, pues apo�ya�mos el uso de la fuerza al servicio de la justicia y la defensa de la ley. Pero no creemos que la guerra sea necesaria jam�s y su abo�lici�n es uno de los prop�sitos esenciales y promesas m�s brillan�tes de la revelaci�n de Bahá'u'lláh. Su mandato es�pec�fico a los reyes de la tierra es: "Si uno de entre vosotros tomare armas con�tra otro, levantaos todos contra �l, pues esto no es sino justicia manifiesta".* El amado Guardi�n ha explica�do que la unidad de la humanidad implica el establecimiento de una mancomunidad mundial, un sistema federado mundial, "... liberado de la maldi�ci�n de la guerra y de sus miserias... en el que la Fuerza se con-vierta en sierva de la Justicia...", cuyo ejecutivo mundial, "respaldado por una Fuerza internacional..., salvaguardar� la unidad org�nica de toda la mancomunidad". Esto, obviamente, no es guerra, sino el mantenimiento de la ley y el orden a escala mundial. La guerra es la tragedia final de la falta de unidad entre las naciones donde no existe una autori�dad internacional suficien�temente poderosa para impedir que persigan sus propios intere�ses limitados. En consecuencia, los bah�'�s sirven en sus pa�ses en formas no combatientes durante tales guerras; sin duda servir�n en una Fuerza Internacional como la que prev� Bahá'u'lláh, una vez que empiece a existir.
La misi�n principal de Bahá'u'lláh al aparecer en este punto de la historia humana es la realizaci�n de la unidad de la hu�manidad y el establecimiento de la paz entre las naciones; en consecuencia, todas las fuerzas que est�n enfocadas hacia el cum�plimiento de estos fines est�n bajo la influencia de su Reve�la�ci�n. Sin embargo, sabemos que la paz se establecer� en etapas. Primero vendr� la Paz Menor, cuando se consiga la unidad de las naciones; luego, gradualmente, la Paz Mayor; la unidad es�piritual, adem�s de po�l�tica de la humanidad, cuando la Man-comunidad Mundial Bah�'�, operando en estricta con�formidad con las leyes y orde�nanzas del Libro M�s Sagrado de la Reve�laci�n Bah�'�, se habr� establecido mediante el esfuerzo de los bah�'�s.
En cuanto a la Paz Menor, Shoghi Effendi ha explicado que esto ser� inicialmente una unidad pol�tica alcanzada por deci�si�n de los Gobiernos de diversas naciones; no se establecer� por ac�ci�n directa de la comunidad bah�'�. Sin embargo, esto no signifi�ca que los bah�'�s se queden quietos esperando la venida de la Paz Menor antes de hacer nada por la paz de la humani�dad. De hecho, al promover los principios de la Fe, que son indispensa�bles para el mantenimiento de la paz, y al mode�lar los instrumen�tos del Orden Administrativo Bah�'�, que Shoghi Effendi nos dice que es el modelo para la sociedad fu�tura, los bah�'�s est�n cons�tantemente ocupados en cimentar las bases para una paz perma�nente, siendo su meta final la Paz Mayor.
La Paz Menor misma pasar� por varias etapas; en la etapa inicial los Gobiernos actuar�n por su cuenta sin la implicaci�n consciente de la Fe; m�s adelante, cuando Dios lo quiera, la Fe tendr� influencia directa en ella en las formas que Shoghi Effendi indica en su escrito La Meta de un Nuevo Orden Mundial. Con re�laci�n a los pasos que conducir�n a esta etapa posterior, la Casa Universal de Justicia sin duda determinar� lo que hay que hacer, de acuerdo con la gu�a de las Escrituras, tales como el texto que usted cit� de Tablas de Bahá'u'lláh, p�g. 103. Mien�tras tanto, los bah�'�s sin duda continuar�n haciendo todo lo que est� a su al-cance para promover el establecimiento de la paz.
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