La Casa Universal de Justicia ha remitido el texto de homenaje a Bahá'u'lláh que fue leído durante la ceremonia en Bahji en la mañana del 28 de mayo de 1992, cuando se depositó el Pergamino de Honor con los nombres de los Caballeros de Bahá'u'lláh en la puerta de entrada al Santuario Más Sagrado. Nos complace ahora compartirlo con todos los creyentes.
"Con emoción que conmueve el alma nos reunimos en la santificada cercanía de Su lugar de descanso para honrar la memoria de la Suprema Manifestación de Dios, Bahá'u'lláh, en la solemne e histórica ocasión del Centenario de Su ascensión.
Alzamos nuestras voces instigados por el deseo de nuestros corazones de rendir homenaje a una vida infinitamente mas allá de cualquier comparación. Pero, ¿cómo hemos de realizar tal deseo cuando es evidente que ninguna mente puede alcanzar la comprensión que haría posible el lenguaje digno de Su corte celestial? En verdad absoluta, nuestras lenguas desfallecen en su impotencia por describir y mucho menos ensalzar los prodigios de una trayectoria profética enmarcada de superlativos. Pues aquí en Bahji, hace cien años, tuvo lugar el último aliento sobre la tierra de la Lumbrera más grande del mundo, Fundador de la Dispensación que marca la culminación del Ciclo Adámico de seis mil años de duración, e Inaugurador del Ciclo Bahá'í de cinco mil siglos. Él, la Mas Grande Manifestación, apareció en el Más Grande Nombre y sobrellevó el sufrimiento mayor al ser el Autor de la Más Grande Revelación, que es la fuente de la Más Grande Paz. En nuestro intento por apreciar estos favores sin par, recitamos los nombres del Adorado que son piedras preciosas, recogidas como perlas del océano verdadero de Su Revelación, esparciendolos por todo nuestro testimonio para que puedan dar lustre aceptable a nuestra expresión de Su gloria y majestad.
El Rey de los Reyes, el Señor de los Señores, el Supremo Mediador, la Más Antigua Belleza. Él es el Bienamado de todos los mundos. Le aclamamos como el Prometido largamente esperado, el Objeto de la adoración del mundo. Y exclamamos: ¡'Bendito sea el Señor, en cuya mano se encuentra la fuente de todo dominio!'.
¡Cuán intensamente sufrió Bahá'u'lláh para regenerar al mundo! Acusado erróneamente, apresado, golpeado, encadenado, desterrado de un país a otro, traicionado, envenenado, despojado de posesiones materiales, y 'en todo momento atormentado con un nuevo tormento'; tal fue la recepción cruel que acogió al Padre Sempiterno, Aquel quien es el Poseedor de todos los Nombres y Atributos. Durante cuarenta años, hasta el final de sus días terrenales, permaneció como prisionero y exiliado; perseguido sin cesar por los gobernantes de Persia y del Imperio Otomano, objeto de oposición implacable por parte de un clero vicioso y maquinador, abandonado vilmente por otros soberanos a quienes él dirigió poderosas cartas impartiéndoles aquello que, en Sus palabras portadoras de verdad, 'es causa del bienestar, la unidad, la armonía y la reconstrucción del mundo, y la tranquilidad de las naciones'. 'Mi dolor', se lamentó una vez, 'excede todas las calamidades que padeció Jacob, y todas las aflicciones de Job no son más que una parte de Mis tribulaciones'.
La voz se detiene por vergüenza de continuar recitación tan deplorable, el corazón se desgarra por el mero pensar en el Divino objeto de tal angustia; angustia que ningún simple mortal podría soportar. Pero para no dar lugar a sentimientos de pesadumbre y aflicción, recurrimos a la calma tranquila que Él induce con palabras tan significativas como éstas: 'Lo hemos soportado todo con la mayor disposición y resignación, para que las almas de los hombres puedan ser edificadas y la Palabra de Dios sea exaltada'. De esta manera, este Agraviado, con paciencia infinita, conservó su majestuosa serenidad, revelando Su verdadero Ser como el Misericordioso, el Amoroso, el Incomparable Amigo. Concentrando Sus energías en el propósito esencial de Su revelación, El transmutó Sus tribulaciones en instrumentos de redención y llamó a todos los pueblos al estandarte de la unidad.
Ningún poder terrenal podría frustrar el propósito de la Pluma Más Exaltada. Por medio de la abundancia de Sus escritos, El vertió sobre el planeta las aguas curativas de la Palabra de Dios renovada. Descendiendo sobre Él como una lluvia de primavera, Su revelación comprende unos cien volúmenes: 'volúmenes repletos de innumerables exhortaciones, principios revolucionarios, leyes y ordenanzas modeladoras del mundo, fatídicas advertencias y portentosas profecías, con oraciones y meditaciones que elevan el alma, iluminadores comentarios e interpretaciones, discursos y homilías apasionadas, todos entremezclados ya sea con misivas o con referencias a los reyes, a los emperadores y a ministros, tanto de Oriente como de Occidente, a eclesiásticos de diversas denominaciones, y a los dirigentes de las esferas intelectuales, políticas, literarias, místicas, comerciales y humanitarias de la actividad humana. 'Ocupa el primer lugar entre Sus libros Su Kitáb-I-Aqdas, carta constitucional de la civilización mundial futura, en el que ha anunciado las Leyes de Dios para esta época. Nuestros corazones se estremecen ante la expectativa de que durante el transcurso de este año del centenario ha de publicarse la traducción al inglés anotada de este Libro Madre de la Revelación de Bahá'u'lláh. Reconocemos, con jubilo asombroso, el prolífico legado de esta efusión divina. Y exclamamos:' ¡Alabado seas Tú, quien eres el Deseo del mundo, y gracias Te sean dadas, oh Bienamado de los corazones de aquellos que están consagrados a Ti!'.
Hoy, atestiguamos la abundancia adicional de una herencia sin igual. Con la puesta del Sol de Bahá, se levantó la Luna de Su Convenio con gloria reflejada, dispersando la oscuridad de una noche de desesperación y alumbrando el camino a la unidad de la humanidad. En la plenitud de su resplandor se encuentra la magnética figura de 'Abdu'l-Bahá, el amado hijo a quien Bahá'u'lláh designó como el Intérprete de Su Palabra y el Ejecutor de Su autoridad, y a quien nombro el Centro de Su Convenio, una función sin paralelo en toda la historia religiosa. Reconocemos el poder misterioso de Su sabiduría, la potencia iluminadora de Sus palabras, el ejemplo inmortal y el carácter unificador de Sus hechos. Por medio de Sus infatigables esfuerzos, la llama de la Causa naciente se esparció en el extranjero, se completó el diseño de su Orden Administrativo, surgió a plena luz el Centro mundial de la Fe y comenzaron a manifestarse, según alusión de Bahá'u'lláh en Su Tabla del Carmelo, los esplendores de la Montaña de Dios. Con profunda gratitud por bendiciones tan evidentes reafirmamos nuestra lealtad al Convenio de Bahá'u'lláh. Y exclamamos: '¡Glorificado sea el Todo Misericordioso, Señor de abundante gracia!'.
Como resultado de los extraordinarios efectos de Su Convenio, se ha levantado una comunidad mundial sobre una "base inatacable". Ha sido erigido todo el sistema del Orden Administrativo originado por Bahá'u'lláh en Su Libro Más Sagrado. Una red vigorosa de instituciones locales, nacionales, continentales e internacionales funciona en armonía ejemplar por todo el planeta. Vitalizado y sustentado por Su asombrosa Revelación, regado por la preciosa sangre de mártires incontables y atendido por el cuidado amoroso de innumerables siervos devotos, el Árbol de la Causa, en estos cien años, ha crecido poderosamente, ha extendido sus ramas abarcadoras y ha producido su primer y abundante fruto.
Bahá'u'lláh encontró al mundo en un "extraño sueño". ¡Pero, que perturbación ha desatado Su venida! Los pueblos de la tierra habían estado separados y muchas partes de la raza humana aisladas social y espiritualmente. Pero el mundo de la humanidad actualmente tiene poca semejanza con aquel que dejó Bahá'u'lláh hace un siglo. Desconocida por la gran mayoría, Su influencia impregna a todos los seres vivientes. De hecho, ninguna esfera de vida permanece sin verse afectada. En la energía brotante, las perspectivas ampliadas, la conciencia global realzada; en la turbulencia social y política, la caída de reinos, la emancipación de las naciones, la combinación de culturas, el clamor por el desarrollo; en la agitación por los extremos de riqueza y pobreza, la aguda preocupación por el abuso del medio ambiente, el gran paso de conciencia respecto a los derechos de la mujer; en la tendencia creciente hacia el ecumenismo, el acrecentado llamamiento para un nuevo orden mundial; en los avances asombrosos en los campos de la ciencia, la tecnología, la literatura y las artes; en todo este tumulto, con sus manifestaciones paradójicas de caos y orden, integración y desintegración, se encuentran las señales de Su poder como Reformador del mundo, la prueba de Su declaración como el Médico Divino, la verdad de Su Palabra como el Consejero Omnisapiente. Bahá'u'lláh escribió voluminosamente sobre el propósito de esta fuerza misteriosa y sus efectos transformadores, pero la esencia puede percibirse en estas pocas palabras perspicuas: 'Por el movimiento de Nuestra Pluma de Gloria, por deseo del Omnisciente Ordenador, hemos inspirado una nueva vida en toda estructura humana y hemos infundido una nueva potencia en cada palabra. Todas las cosas creadas proclaman los indicios de esta regeneración mundial'. Y nuevamente: 'Una nueva vida se agita en esta época dentro de todos los pueblos de la tierra y, sin embargo, nadie ha descubierto su causa ni percibido su motivo'. Y de nuevo: 'Aquel quien es el Irrestringido ha llegado, en las nubes de luz, para que todas las cosas creadas puedan revivir con la brisa de Su Nombre, el Más Misericordioso, y unificar al mundo y reunir a todos los hombres alrededor de esta Mesa que ha descendido del cielo'.
Que los habitantes de la tierra despierten de su sueño al resonar Su Nombre y se levanten de sus ensoñaciones confusas para abrazar la claridad del nuevo Día. Pues 'Éste es el Rey de los Días, el día que ha visto la venida del Más Amado, Aquel quien por toda la eternidad ha sido aclamado como el Deseo del Mundo'.
Nuestros pensamientos se vuelven a ese momento de duelo en 1892 cuando un gran numero de residentes de las áreas cercanas llegó para unirse con Sus desconsolados seguidores en el lamento por la partida del inmortal Amado. Estos no eran adherentes de Su Causa y no tenían verdadera comprensión de Su posición, pero el efecto de Su presencia entre ellos era tal como para llenarlos de un grave sentido de pérdida. Hoy, un siglo más tarde, somos nosotros, quienes nos identificamos con Su comunidad, los que hemos venido en ordenado despliegue de multitud, desde los cuatro confines de la tierra, para rendir homenaje al rey de Gloria. Con nosotros en espíritu están los millones de Sus amantes dispersos entre las decenas de miles de aldeas, pueblos y ciudades, conmemorando ellos mismos en sus propias localidades este solemne aniversario, con sus corazones dirigidos hacia el Sitio Primordial aquí en Bahji.
Y entre nosotros, en este punto de Adoración, se encuentran varias de las heroicas almas de la celebre compañía de aquellos que se ganaron el título de Caballero de Bahá'u'lláh, conferido a ellos por Shoghi Effendi, Guardian de la Causa, para dar a conocer sus actos de intrepidez y de devoción como maestros de la Fe. Ellos son quienes estuvieron en la vanguardia durante la triunfal Cruzada de Diez Años. Sus hazañas, construidas sobre las dramáticas proezas de la Edad Heroica y los sacrificios de innumerables mártires y héroes del pasado, y siguiendo el camino trazado por los primeros maestros de la Fe, hicieron una realidad el establecimiento mismo de la Causa de Bahá'u'lláh como una religión mundial.
Ahora, en esta ocasión conmemorativa, se esta depositando el Pergamino de Honor, en el que Amatu'l-Bahá Rúhíyyih Khánum ha inscrito los nombres de los Caballeros, en la puerta de entrada del Santuario Más Sagrado, en el lugar designado por nuestro amado Guardián. Esto es tanto un símbolo como una promesa: un símbolo recogiendo la realidad de una respuesta clara, en un momento critico, al deber conferido a todos nosotros por el Señor de las Huestes de difundir Sus enseñanzas entre todos los pueblos; una promesa de que el compromiso mostrado tan resplandecientemente por estos pioneros intrépidos se reafirmará por las generaciones de sus sucesores, asegurando que la luz de la Revelación de Bahá'u'lláh, 'brillando en todo su poder y gloria, se habrá difundido por y habrá enfrascado al planeta entero'.
Ésta es también una señal de reconocimiento del poder de la Mano de Omnipotencia para hacer de mosquitos, águilas. Sus bondades nos dan valor. Somos aves de alas rotas y, sin embargo, con Sus palabras que nos dan seguridad y resuenan en nuestras almas, nos alzamos a alturas siempre mayores en Su servicio. ';Soy el Halcón Real posado en el brazo del Todopoderoso!' Él declara, agregando benévolamente: 'Yo despliego las alas marchitas de toda ave quebrada y le ayudo a levantar el vuelo'. ¿Cómo entonces podemos fallar?
Nosotros aquí hacemos esta promesa: Con una historia emocionante de apoyo divino que hemos atravesado y una visión clara del destino que se despliega ante nosotros, nos moveremos hacia adelante, renovados, reconsagrados, resueltos, hasta que la conciencia de todo ser humano haya sido tocada con el conocimiento de la triunfante Fe de Dios. Y, entonando las palabras anticipantes de Su Heraldo Mártir, exclamamos: '¡ Exaltada sea Su gloria, y magnificado sea Su poder, y beatificada sea Su santidad, y glorificada sea Su grandeza, y loados sean Sus hechos!'.