Los eventos conmovedores en la tierra natal de Bahá'u'lláh y el avance concomitante de las agencias de Su Orden Administrativo al escenario de los asuntos mundiales se han combinado para hacer claramente visibles nuevas posibilidades en la evolución de la comunidad mundial bahá'í. Nuestro mensaje de Ridván de este año captó estas indicaciones en su referencia a la apertura ante nosotros de un horizonte más amplio, a cuya luz pueden apenas percibirse nuevas actividades y empresas que pronto debemos comenzar. Éstas presagian nuestra mayor intervención en el desarrollo de la vida social y económica de los pueblos.
Desde el comienzo de Su estupenda misión, Bahá'u'lláh urgió a las naciones a prestar atención a la necesidad de ordenar los asuntos humanos de manera tal que se produzca un mundo unido en todos los aspectos esenciales de su vida. En un sinnúmero de versos y tablas Él declaró repetidamente y de varias maneras que el 'progreso del mundo' y el 'desarrollo de las naciones' se encuentran entre las ordenanzas de Dios para este día. La unidad de la humanidad, que es a la vez el principio operativo y la meta final de Su Revelación, implica el lograr una coherencia dinámica entre los requisitos espirituales y prácticos de la vida terrenal. La indispensabilidad de esta coherencia se ilustra inequívocamente en Su ordenación del Mashriqu'l-Adhkár, el centro espiritual de toda comunidad bahá'í alrededor del cual deben florecer dependencias dedicadas al adelanto social, humanitario, educacional y científico de la humanidad. De esta manera podemos comprender fácilmente que, aunque hasta ahora ha sido impracticable que las instituciones bahá'ís en general enfaticen actividades de desarrollo, el concepto de desarrollo social y económico se encuentra entre las Enseñanzas sagradas de nuestra Fe. El amado Maestro, por Sus palabras y hechos iluminadores, fijó el ejemplo para la aplicación de este concepto a la reconstrucción de la sociedad. Atestigüen, por ejemplo, el gran progreso social y económico logrado por lo creyentes iraníes bajo Su guía amorosa y, subsecuentemente, con el apoyo indefectible del Guardián de la Causa.
Ahora, después de todos los años de continua actividad de enseñanza, la comunidad del Más Grande Nombre ha crecido hasta llegar a la etapa en la que el proceso de este desarrollo debe integrarse entre sus actividades ordinarias; se requiere acción debido especialmente a la expansión de la Fe en países del tercer mundo donde reside la vasta mayoría de sus adherentes. Los pasos a dar deben necesariamente comenzar dentro de la comunidad bahá'í misma, con el esfuerzo de los amigos por elevarse, mediante la aplicación de principios espirituales, su rectitud de conducta y el ejercicio del arte de la consulta, y de esta manera llegar a ser auto suficientes y depender de sí mismos. Además, estos esfuerzos conducirán a la preservación del honor humano, tan deseado por Bahá'u'lláh. En el proceso, y como consecuencia de éste, los amigos sin duda extenderán los beneficios de sus esfuerzos a la sociedad en general, hasta que toda la humanidad logre el progreso contemplado por el Señor de la Época.
Es por cierto propicio que se de atención sistemática a esta esfera vital del esfuerzo bahá'í. Nos complace por ende, anunciar el establecimiento, en el Centro Mundial, de la Oficina de Desarrollo Social Económico, que habrá de ayudar a la Casa Universal de Justicia a promover y coordinar las actividades de los amigos en todo el mundo en este campo nuevo.
El Centro Internacional de Enseñanza y, por su mediación los Cuerpos Continentales de Consejeros, están listos y a la expectativa para asumir responsabilidades especiales que recaerán sobre ellos, de estar alertos ante las posibilidades de extender el desarrollo de la vida social y económica tanto dentro como fuera de la comunidad bahá'í, y de aconsejar y alentar a las asambleas y a los amigos en sus esfuerzos.
Ahora llamamos a las asambleas espirituales nacionales a considerar lo que implica para sus comunidades respectivas esta tendencia emergente, y adoptar medidas bien concebidas para envolver el pensamiento y las acciones de asambleas espirituales locales e individuos en el idear e implementar planes, tomando en cuenta las restricciones de las circunstancias existentes y de los recursos disponibles. El progreso en el campo del desarrollo depende en gran medida de la animación e interés espontáneos a nivel local, y debe derivar su fuerza motriz de estas fuentes y no de la imposición de planes y programas desde arriba. La tarea principal de las asambleas nacionales, por ende, es aumentar la percepción de las comunidades locales respecto de las necesidades y posibilidades, y guiar y coordinar esfuerzos que resulten de tal percepción. En muchas áreas los amigos ya están atestiguando las confirmaciones de sus iniciativas en actividades tales como el establecimiento de escuelas tutelares y otras, la promoción de la alfabetización, el lanzamiento de programas rurales de desarrollo, la iniciación de emisoras educacionales de radio, y la operación de proyectos agrícolas y médicos. A medida que amplíen el alcance de sus esfuerzos, sin duda emergerán otras formas de desarrollo.
Este desafío evoca la ingeniosidad, flexibilidad y cohesión de las muchas comunidades que componen el mundo bahá'í. Diferentes comunidades, desde luego, percibirán distintos acercamientos y soluciones distintas ante necesidades similares. Algunas pueden ofrecer ayuda al extranjero, mientras que otras, al comienzo, deben necesariamente recibir ayuda; pero todas, no obstante las circunstancias o los recursos, están dotadas de la capacidad responder en alguna medida; todas pueden compartir; todas pueden participar en la empresa conjunta de aplicar los principios de la Fe más sistemáticamente a la elevación de la calidad de la vida humana. 'La clave del éxito es la unidad de espíritu y en acción.
Avanzamos con la seguridad de que la participación de todo corazón de los amigos en estas actividades habrá de asegurar una mayor consolidación de la comunidad en todos los niveles. No debe permitirse, sin embargo, que nuestra ocupación en los aspectos técnicos del desarrollo reemplace los aspectos esenciales de la enseñanza, la cual continúa siendo el deber principal de todo seguidor de Bahá'u'lláh. Más bien, nuestras actividades acrecentadas en el campo del desarrollo deben contemplarse como un refuerzo del trabajo de enseñanza, como una manifestación mayor de fe puesta en acción. Porque, si no continua la expansión del trabajo de la enseñanza no puede haber esperanza de éxito para esta dimensión ampliada del proceso de consolidación.
En último término, el llamado a la acción se dirige a los amigos individuales, sean adultos o jóvenes, veteranos o recién enrolados. Que avancen para ocupar su lugar en la arena del servicio donde sus talentos y habilidades, su entrenamiento especializado, sus recursos materiales, sus ofertas de tiempo y energía y, sobre todo, su dedicación a principios bahá'ís puedan ser empleados para mejorar la condición de la humanidad.
Que todos deriven inspiración duradera del siguiente enunciado escrito en 1933 por la mano de nuestro amado Guardián:
''Los problemas que confrontan a los creyentes en la hora actual, sean sociales, espirituales, económicos o administrativos, serán resueltos gradualmente a medida que se multipliquen el número y los recursos de los amigos y se desarrolle su capacidad de servir y de aplicar los principios bahá'ís. Deben ser pacientes, confiados y activos al utilizar, dentro de los límites que necesariamente les son impuestos ahora, toda oportunidad posible que se presente. Que el Todopoderoso les ayude a realizar sus más elevadas aspiraciones."
Con cariñosos saludos bahá'ís,