Durante los meses posteriores al lanzamiento del Plan de Cinco Años, las comunidades nacionales han adoptado medidas que han venido a comunicar un impulso dinámico y una mayor coherencia a sus actividades. A estas alturas, una mayoría de Asambleas Espirituales Nacionales, o bien sus respectivos Consejos Regionales, han concluido ya tanto el análisis del territorio bajo su responsabilidad como su reparto en pequeñas agrupaciones geográficas, todo ello de acuerdo con los criterios sentados en nuestra carta de fecha 9 de enero de 2001. Si bien tales agrupaciones se han categorizado a tenor de la etapa presente de desarrollo, los planes de actuación se han concebido con vistas a promover el crecimiento de estas agrupaciones y facilitar el paso desde una etapa de crecimiento a la siguiente. En fin, la respuesta entusiasta de todas las instituciones ante las necesidades del Plan de Cinco Años no podía llenarnos de mayor satisfacción.
Los planes, tan claramente definidos y ahora en marcha, multiplican las oportunidades de quienes desean servir a la Fe en el campo internacional como pioneros de corto o largo plazo. La mayoría de las necesidades de las agrupaciones de cada país deberán colmarlas de modo creciente, y según avance el Plan, los propios pioneros del frente interno. Ahora bien, dado el amplísimo número de zonas geográficas cuyo avance requiere atención sistemática, a los pioneros internacionales les corresponde desempeñar un notable papel. Su participación repercutirá de forma especialmente efectiva en los programas de crecimiento que han de acometerse en el mundo siempre que hayan desarrollado ya las capacidades necesarias para promover el proceso de institutos. Por lo demás, la administración, la proclamación y el desarrollo social y económico constituyen otras tantas esferas de actividad a las que los pioneros internacionales y los maestros viajeros pueden contribuir de modo notable. Recientemente, el Centro Internacional de Enseñanza ha preparado un documento en el que se describe de forma sucinta las condiciones de las comunidades nacionales bahá'ís y los ámbitos de actividad que podrían beneficiarse de su ayuda externa. Pronto podrán obtenerlo a través de las Asambleas Espirituales Nacionales, los Consejeros y sus auxiliares .
El trasiego de pioneros y maestros viajeros de un punto a otro constituye un rasgo indispensable de la comunidad bahá'í. Sólo durante el plan de Doce meses, 1.800 creyentes de unos 90 países se decidieron a servir a la Fe en el campo internacional. Aparte de los servicios que almas tan incondicionales son capaces de rendir a la Causa de Dios, esta fusión de gentes de todo el planeta constituye un elemento vital para las pautas de vida que los seguidores de Bahá'u'lláh se esfuerzan por establecer, pautas destinadas a sentar un ejemplo para el resto de la humanidad. Conforme vaya creciendo la capacidad de la comunidad bahá'í, deberá prestarse mayor atención a estrechar los lazos de los diversos miembros de la raza humana.
En esta importante coyuntura del desarrollo de la Fe, cuando en todas las regiones del globo cobra gran impulso la sistematización de las labores de enseñanza y las fuerzas integradoras orientan a la sociedad en línea con los designios de Bahá'u'lláh, todo siervo fiel de la Causa debe quedar electrizado al divisar los espléndidos logros que apuntan sobre el horizonte. Les emplazamos, pues, a que sopesen sus circunstancias, a que examinen las condiciones de los diversos países, a que determinen dónde pueden servir mejor a las necesidades de la Fe y a que se resuelvan a actuar. Ojalá que quienes anhelan disfrutar de la alegría de tan meritorio servicio puedan dar un paso adelante con la seguridad de que les acompañarán nuestras oraciones, plenamente confiados en las confirmaciones divinas.
[Firmado: La Casa Universal de Justicia]