A la Conferencia de los Cuerpos Continentales de Consejeros
Muy queridos amigos:1 Hace cinco años, apelamos al cuerpo de Consejeros reunidos en Tierra Santa a que ayudaran al mundo bahá’í a comprender y asumir los retos inherentes al crecimiento sistemático. Los logros resonantes del Plan de Cuatro Años atestiguan su entusiasta respuesta. Hoy pedimos un esfuerzo igualmente extraordinario de parte de ustedes, esta vez a fin de asegurar el lanzamiento exitoso del Plan de Cinco Años.
2 Durante sus deliberaciones en torno a las características de este próximo capitulo en el despliegue del Plan Divino, deberán considerar la magnitud de los cambios que están ocurriendo en el destino de la Fe. En el Centro Mundial, la erección de los magníficos edificios situados sobre el Arco representa un gran paso en la consolidación de un Orden Administrativo divinamente designado. El Plan de Cuatro Años atestiguó un extraordinario incremento en la capacidad institucional de comunidades bahá'ís en todos los continentes. Se hace patente la acelerada evolución de las Asambleas Espirituales Nacionales y Locales, y los Consejos Regionales, donde se han establecido, han infundido en la labor de la Causa una renovada energía y eficacia. Con la creación y florescencia de más de 300 institutos de capacitación, la Fe ahora dispone de un instrumento potente para desarrollar los recursos humanos necesarios para sostener la expansión y consolidación a gran escala. Más aun, ha habido un notable aumento en la capacidad de la comunidad bahá’í para influir en el transcurso de los asuntos humanos, tanto por sus relaciones con gobiernos y organismos de la sociedad civil como por sus esfuerzos en el ámbito del desarrollo social y económico. La Causa de Bahá’u’lláh se encuentra ante los umbrales de una nueva época, en un momento en la historia cuando, pese a la confusión y el estallido de nuevas hostilidades, el mundo ha hecho verdadero progreso hacia la paz. Queda manifiesta la creciente receptividad a Su omnipresente y resplandeciente Espíritu.
3 El avance del proceso de entrada en tropas seguirá siendo la aspiración el Plan de Cinco Años, la aspiración, en efecto, de una serie de Planes que llevarán a la comunidad a la culminación del primer siglo de la Edad Formativa. La aceleración de este proceso vital se lograra a través de una actividad sistemática llevada a cabo por los tres copartícipes del Plan: el creyente, las instituciones y la comunidad.
El instituto de capacitación4 Un análisis penetrante del Plan de Cuatro Años, preparado para nosotros recientemente por el Centro Internacional de Enseñanza, demuestra que el instituto de capacitación es eficaz no solo para realzar los poderes del individuo sino, además, para infundir nueva vida a comunidades e instituciones. El desarrollo continuo de los institutos de capacitación en los diversos países y territorios del mundo, por tanto, debe figurar como un rasgo principal del nuevo Plan.
5 Valiéndose de la rica experiencia acumulada hasta la fecha en esta esfera, los institutos necesitan abastecer a sus comunidades con una riada continua de recursos humanos que presten servicio al proceso de entrada en tropas. Los elementos de un sistema que pueda atender a las necesidades de capacitación de grandes números de creyentes ya han sido probados por todo el mundo y están a la altura de su cometido. Los círculos de estudio, reforzados por cursos de extensión y campañas especiales, demuestran ser capaces de darle estructura al proceso de la educación espiritual al nivel de las bases populares. El valor de una secuencia de cursos, en la que cada uno sucede al anterior en un ordenamiento lógico y se aprovecha de los logros de cursos anteriores, ha llegado a quedar muy claro. Surgen ya varios modelos que revelan la forma en que dichas secuencias pueden utilizarse para la creación de programas de capacitación. En un ejemplo, la secuencia principal, muy similar al tronco de un árbol, sostiene los cursos, que, como ramas, se extienden del mismo, cada rama dedicada a una tarea especifica de la capacitación. En otro ejemplo, varias trayectorias de cursos, cada cual con su propio enfoque, corren paralelamente. Los institutos harían bien en examinar estos elementos y enfoques, y emplearlos de forma que respondan a las oportunidades que tienen por delante.
6 Al principio del Plan de Doce Meses subrayamos la necesidad de darle alimento espiritual a los niños bahá’ís e integrarlos en la vida de la Causa. De la respuesta de los amigos hasta el momento, hay sólidas indicaciones de que una conciencia agudizada que recalque la importancia de la educación infantil será, de hecho, un rasgo distintivo de este breve pero significativo Plan. Las clases bahá’ís para niños han cobrado un nuevo ímpetu. Esta conciencia elevada también ha traído a la luz oportunidades para ofrecerle educación moral y espiritual a los niños en general, según lo demuestra el éxito de los esfuerzos por introducir cursos sobre la Fe bahá’í en los programas de sistemas escolares oficiales.
7 El hecho de que los institutos cada vez más estén haciendo hincapié en la formación de maestros de clases para niños es una señal particularmente alentadora. Es igualmente preciso emplear otras medidas si han de ofrecerse clases regulares para beneficio de niños de todas edades en las comunidades bahá’ís alrededor del mundo. En algunos países, se han establecido comités nacionales y regionales para ayudar a las Asambleas Espirituales Locales, permitiéndoles así poder llevar a cabo su tarea de educar a los niños. En ellos, la relación entre los comités y el instituto de capacitación ha de evolucionar gradualmente a medida que se vaya adquiriendo experiencia, con cada agencia intensificando el trabajo de las demás. Pero muchos son los países en que el instituto es el único organismo que está desarrollando la capacidad para organizar y mantener cursos en una localidad tras otra. Puesto que este enfoque tiene buena acogida entre los jóvenes y adultos, y cada vez mas entre los pre-jóvenes, no hay ninguna razón por la cual el instituto de capacitación no deba asumir semejante tarea en pro de los niños, donde sea necesario. Por regla general, los institutos no asumen la gestión de planes y programas de expansión y consolidación. Sin embargo, impartir clases para niños es una empresa singular, la cual amerita urgencia especial. En aquellos países así encomendados, el instituto resulta ser un centro de aprendizaje absorto intensamente en la educación espiritual de los amigos, desde la más tierna edad hasta la madurez.
La iniciativa individual en la enseñanza8 Dada la intensificación del trabajo de los institutos, ahora se deberá enfocar la atención sobre la sistematización de las labores de enseñanza en todas partes. En el documento reciente titulado “The Institution of the Counsellors” [La Institución de los Consejeros], hacemos hincapié en el papel que desempeñan los miembros del Cuerpo Auxiliar y sus ayudantes en ayudar a los amigos a enfrentar este desafío, tanto al nivel de la iniciativa individual como al de la voluntad colectiva. Conforme los individuos progresen en sus cursos de Instituto, profundizarán su conocimiento de la Fe, captarán nuevas perspectivas y adquirirán destrezas aplicables al servicio. Indudablemente, algunos de los cursos dedicados a la enseñanza trataran la materia en términos generales. Otros se enfocaran sobre las diferentes maneras de compartir el mensaje de Bahá’u’lláh con segmentos específicos de la sociedad, incorporando la sabiduría procedente del trabajo de enseñanza de los amigos. Este proceso combinado de acción, aprendizaje y capacitación dotará a las comunidades con un número siempre creciente de maestros de la Causa capaces y entusiastas.
8’ Por supuesto, la mera capacitación no conducirá necesariamente a un aumento marcado en la actividad de la enseñanza. En toda vía de servicio, los amigos necesitan un estimulo continuo. Esperamos que los miembros del Cuerpo Auxiliar, junto con sus ayudantes, darán consideración especial a la manera de cultivar la iniciativa individual, sobre todo en cuanto a la enseñanza. Cuando la capacitación y el estímulo son eficaces, se alimenta una cultura de crecimiento en la que los creyentes perciben su obligación de enseñar como consecuencia natural de haber aceptado a Bahá'u'lláh. “Levantan en alto la antorcha sagrada de la fe”, como era el deseo de 'Abdu'l-Bahá, “trabajan incesantemente, de día y de noche” “consagran cada fugaz momento de sus vidas a la difusión de la fragancia divina y a la exaltación de la Santa Palabra de Dios”. La llama del amor de Dios arde en sus corazones tan fuertemente que toda persona que se les acerque sentirá su calor. Se afanan por ser canales del espíritu, puros de corazón, abnegados y humildes, poseedores de la certeza y valentía que proceden de la confianza en Dios. En tal cultura, enseñar es la pasión preeminente en la vida de los creyentes. En ellos no cabe el temor al fracaso. El apoyo mutuo, la entrega al aprendizaje y el aprecio por la diversidad son las normas imperantes.
Los programas de crecimiento sistemáticos9 En los próximos meses, ayudarán a las comunidades nacionales, cuyas circunstancias varían mucho entre sí, en la formulación de planes para el crecimiento sistemático. Hay muchos países donde una mayor capacidad institucional, sobre todo a nivel regional, posibilita ahora enfocar la atención sobre áreas geográficas más pequeñas. Gran parte de éstas consistirán en una agrupación de aldeas y pueblos, pero, a veces, puede que alguna ciudad grande y sus barrios periféricos conformen un área de este tipo. Entre los factores que determinan las fronteras de cada agrupación figuran la cultura, el idioma, los hábitos de transporte, la infraestructura, y la vida social y económica de los habitantes. Las áreas en que se divide cada región corresponderán con diversas categorías de desarrollo. Algunas aun no estarán abiertas a la Fe, mientras que otras solo tendrán unas cuantas localidades y grupos aislados; en algunas, comunidades ya establecidas estarán cobrando fuerza por medio de un proceso de instituto vigoroso; en unas cuantas, comunidades fuertes de creyentes profundos estarán en una posición que les permitirá asumir los desafíos de una expansión y consolidación sistemáticas y aceleradas.
10 Una vez identificadas las categorías apropiadas, los planes nacionales en estos países deberán hacer preparativos para la apertura gradual de áreas vírgenes mediante el asentamiento de pioneros internos. Tales metas podrán lograrse con relativa facilidad si los pioneros tienen experiencia anterior con programas de instituto y si son capaces de utilizar sus métodos y materiales para animar a un grupo de creyentes dedicados que puedan llevar adelante el trabajo de la Fe en su área. Cuán inestimable será el privilegio para aquellos que, en los últimos años del primer siglo de la Edad Formativa, pongan su confianza en Dios y se levanten con fervor a tomar la delantera en llevar a todas partes de sus países la luz de guía Divina. Abrigamos la esperanza de que este llamado para pioneros internos genere gran entusiasmo entre los amigos y abra delante de sus propios ojos una nueva panorámica de posibilidades para servir a la Fe.
11 Según este programa de acción, los planes nacionales también deberán incluir disposiciones para el fortalecimiento de otras áreas que, aunque abiertas a la Fe, aún no han alcanzado el nivel de desarrollo que las prepare para la actividad intensiva. En aquellas áreas donde hay comunidades fuertes provistas de un cuerpo de creyentes profundos, deberán establecerse sin demora programas sistemáticos para la expansión y consolidación de la Fe. Como ya señalamos, el Centro Internacional de Enseñanza ha identificado ciertos modelos de crecimiento apropiados para áreas geográficas relativamente pequeñas. Desde entonces, dicho organismo ha analizado varios proyectos piloto en diversas partes del mundo, y sus descubrimientos son muy alentadores. Las lecciones aprendidas facilitan todo un conjunto de experiencia útil para el lanzamiento de programas de crecimiento sistemático en un área tras otra. Tengan a bien mantener al Centro Internacional de Enseñanza al tanto de sus consultas con Asambleas Espirituales Nacionales y Consejos Regionales respecto de este tema.
12 Cabe subrayar la importancia de que las comunidades nacionales no se precipiten a establecer programas intensivos en un área antes de que las condiciones allí sean propicias. Entre dichas condiciones enumeramos las siguientes: un alto nivel de entusiasmo de parte de un grupo considerable de creyentes devotos y capaces que entiendan los requisitos necesarios para el crecimiento sostenible y que puedan dirigir el programa; que algunas de las comunidades que forman parte de una agrupación tengan experiencia básica en cuanto a la administración de clases para la formación espiritual de los niños, la celebración de reuniones devocionales y la Fiesta de Diecinueve Días; la existencia de un grado razonable de capacidad administrativa por lo menos en unas cuantas Asambleas Espirituales Locales; la participación activa de varios ayudantes de los miembros del Cuerpo Auxiliar en la promoción de la vida comunitaria; un pronunciado espíritu de colaboración entre las varias instituciones que operan en el área; y, sobre todo, la presencia fuerte del instituto de capacitación con un modelo de coordinación que sostenga la multiplicación sistemática de los círculos de estudio.
13 Los programas iniciados en tales áreas deben enfocar sus esfuerzos sobre el fomento del crecimiento sostenible, creando la capacidad necesaria al nivel individual, institucional y comunitario. Lejos de requerir planes grandiosos y complejos, estos programas deben enfocarse sobre unas cuantas medidas que, a través de los años, han demostrado ser imprescindibles para la expansión y consolidación a gran escala. El éxito dependerá de la manera en que se integren las líneas de acción y de la actitud que se adopte en torno al aprendizaje. La ejecución de tal programa precisará de una estrecha colaboración entre el instituto, los miembros del Cuerpo Auxiliar y sus ayudantes, y un Comité de Enseñanza de Área.
14 En su aspecto esencial, el programa deberá caracterizarse por un proceso de expansión sólido e ininterrumpido, además de un proceso de desarrollo de recursos humanos igualmente fuerte. Deberá realizarse toda una gama de actividades de capacitación que involucren tanto las actividades realizadas por los individuos como las campañas facilitadas por las instituciones. A medida que aumente el número de creyentes en un área, un porcentaje significativo deberá recibir capacitación del instituto y sus habilidades deberán enfocarse en pos del desarrollo de comunidades locales.
15 Nuestro mensaje del 26 de diciembre de 1995, en que delineamos los rasgos del Plan de Cuatro Anos, hacía referencia a las etapas por las que atraviesa una comunidad durante su desarrollo. La experiencia adquirida en los años siguientes como resultado del trabajo con comunidades en diversas etapas de su desarrollo resultara valiosa para los programas de crecimiento. Es muy posible que uno de los pasos iniciales en la ejecución del programa sea realizar un estudio de campo para evaluar la condición de cada localidad del área. Entre las metas iniciales de cada comunidad deberán figurar el establecimiento de círculos de estudio, las clases para niños y las reuniones devocionales. Estas actividades deberán ser abiertas a todos los habitantes de la localidad. Deberá concedérsele la debida importancia a la celebración de la Fiesta de Diecinueve Días, además de hacerse un esfuerzo consistente por fortalecer las Asambleas Espirituales Locales. Apenas las comunidades puedan sostener las actividades fundamentales de la vida bahá’í, una forma natural para avanzar su consolidación es introducir pequeños proyectos de desarrollo social y económico; verbigracia, un proyecto de alfabetización, un proyecto para el avance de la mujer o la conservación ambiental, o incluso una escuela rural. Conforme se vaya cobrando fuerza, será de la incumbencia de las Asambleas Espirituales Locales responsabilizarse por un creciente número de líneas de acción.
16 A lo largo de este esfuerzo, y de modo periódico, deberá haber reuniones de consulta en el área que reflexionen sobre cuestiones que surjan, consideren reajustes por hacer, y mantengan el entusiasmo y la unidad de pensamiento. El mejor enfoque es formular planes que duren unos cuantos meses a la vez, empezando primero con una o dos líneas de acción que luego crezcan paulatinamente en su complejidad. A aquellos que participan activamente en la ejecución de planes, sean miembros de las instituciones o no, se les deberá alentar a que participen plenamente en las consultas. También será necesario celebrar otras reuniones a nivel de área, y algunas de estas ofrecerán la oportunidad para el intercambio de experiencias amén de capacitación adicional. Otras enfocarán sobre el uso de las artes y el enriquecimiento cultural. En conjunto, dichas reuniones apoyarán un proceso intenso de acción, consulta y aprendizaje.
17 Los amigos que participan en estos programas intensivos de crecimiento deberán tener en cuenta que su objetivo es asegurar que la Revelación de Bahá’u’lláh llegue a las masas de la humanidad y les permita lograr el progreso espiritual y material mediante la aplicación de las Enseñanzas. Vastos números de personas alrededor del mundo están listos, de hecho, ansían recibir las dádivas que sólo Bahá’u’lláh les puede otorgar una vez que se comprometan a crear la nueva sociedad que Él ha previsto. Al aprender como sistematizar su labor en cuanto a la enseñanza a gran escala, las comunidades bahá’ís estarán preparándose cada vez más para atender este anhelo. No pueden negar ningún esfuerzo, ningún sacrificio que se les pida.
Una empresa espiritual18 Desde luego, el programa de acción aquí descrito, aunque sea idóneo para muchas comunidades nacionales, no se puede aplicar en todas las situaciones. Contamos con la habilidad de las instituciones bahá’ís para crear planes que, si bien no reflejan en su totalidad el antedicho programa de acción, incorporarán elementos de su visión, ateniéndose a las circunstancias de cada comunidad nacional. Las comunidades bahá’ís están, naturalmente, ocupadas en una gama de esfuerzos indispensables tales como las actividades de información publica, la proclamación, la labor de asuntos externos, la producción de literatura, y proyectos complejos de desarrollo social y económico. Seguramente, los planes, conforme se vayan elaborando, también atenderán estos desafíos.
19 El carácter del proceso de planificación con el que ayudarán a los amigos es único en muchos aspectos. En su esencia, es un proceso espiritual en el cual las comunidades e instituciones se afanan por alinear sus intereses con la Voluntad de Dios. El Plan Mayor de Dios está en movimiento y las fuerzas que genera impulsan a la humanidad hacia su destino. En sus planes de acción particulares, las instituciones de la Fe deben adquirir percepción de estas grandes fuerzas, explorar el potencial de las gentes a quienes sirven, evaluar los recursos y fuerzas de las que sus comunidades disponen y tomar medidas prácticas para conseguir de los creyentes una participación incondicional. La encomienda sagrada ante ustedes es alimentar este proceso. Confiamos plenamente en su capacidad para lograrlo. Que Bahá’u’lláh les bendiga y sostenga a través de Su gracia indefectible y Sus poderosas confirmaciones.
[FIRMADO: La Casa Universal de Justicia]