El 25 de marzo de 1987 se les envio un documento titulado [El desarrollo de
la institucion del Huququ'llah], preparado este por el Departamento de
Investigacion del Centro Mundial Baha'i. A peticion de la Casa Universal de
Justicia, el documento se ha revisado. Adjuntamos a la presente un ejemplar
de la revision del mismo, titulado [El desarrollo de la institucion del Huququ'llah], para que sea
circulado a los amigos. Con ello se pretende facilitar aun mas entre los
creyentes una apreciacion mas profunda de la institucion del Huququ'llah.
Con carinosos saludos baha'is,En una de Sus Tablas Bahá’u’lláh hace referencia a la ley del Ḥuqúqu’lláh destacando que sólo le preceden en importancia las dos grandes obligaciones de reconocer a Dios y permanecer firme en Su Causa; sin embargo, la introducción y cumplimiento de esta ley se ha relacionado con la bondad, el perdón, la tolerancia y la magnanimidad. Aunque guarda relación con las cosas materiales de este mundo, está situada entre las obligaciones espirituales tales como la oración y el ayuno, que incumben a cada persona y cuyo cumplimiento es responsabilidad directa de cada creyente hacia Dios, sin estar sujetas a sanciones o imposiciones de Sus instituciones en este mundo. En efecto, es una clara expresión de las prioridades con que Bahá’u’lláh considera las obligaciones de la humanidad. En primer lugar prevalece lo espiritual, después lo material—por muy importante que en la práctica sea este último.
Después de que se revelara el Kitáb-i-Aqdas en respuesta a las peticiones de los amigos, Bahá’u’lláh lo retuvo sin publicarlo durante cierto tiempo e incluso entonces, cuando algunos devotos bahá’ís, enterándose de dicha ley, intentaran ofrecer el Ḥuqúqu’lláh, el pago en cualquier caso no les fue aceptado. Las Tablas de Bahá’u’lláh demuestran lo agudamente consciente que Él era de hasta qué punto se había consentido en el pasado que las riquezas materiales degradasen la religión, motivo por el que prefirió que la Fe sacrificase cualquier ventaja material antes que mancillar en lo más mínimo su dignidad y pureza. He ahí una lección perenne para todas las instituciones bahá’ís.
Sin embargo, tal como explicó el amado Guardián, los fondos constituyen la sangre vital de la Causa. Dios Mismo, tal como declara Bahá’u’lláh, ha hecho que todo logro dependa de los medios materiales. Por tanto, según avanzaba la conciencia de los amigos, permitió que el Ḥuqúqu’lláh les fuese aceptado, siempre que el donante hiciera su entrega con alegría y conocimiento de causa.
Para la recepción del Ḥuqúqu’lláh, Bahá’u’lláh creó una de las grandes instituciones de la Fe, el Fideicomiso del Ḥuqúqu’lláh.
El primero en ser honrado con el nombramiento de Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh fue Jináb-i-Sháh Muḥammad de Manshád, Yazd, quien más adelante recibió de la Bendita Belleza el título de Amínu’l-Bayán (el Fiduciario del Bayán). A los pocos años después de su fundación, éste había abrazado a la Fe y tuvo la fortuna de alcanzar la presencia de Bahá’u’lláh en Bagdad. El fondo del amor que ardía en su corazón le tenía impaciente por prestar algún servicio al Umbral de su Bienamado, razón por la cual porfió en esta empresa hasta agotar el último aliento de su vida, no sin abandonar todas sus pertenencias materiales en el sendero del servicio. En todos y cada uno de sus viajes este siervo de confianza de Bahá’u’lláh, al que cercaron toda suerte de peligros, trances y penurias, solía trasladar las donaciones de los amigos en concepto de Ḥuqúqu’lláh así como sus peticiones al Umbral Sagrado. En el camino de vuelta traía consigo las noticias y las Tablas de la Bendita Perfección.
Una de las tareas más sagradas que le fueron encomendadas a Amínu’l-Bayán fue la de marchar a Irán para recibir los Restos del Báb de manos de su custodio, la devota y valiente Mano de la Causa de Dios Jináb-i-Ḥájí Ákhúnd, y darles traslado a lugar seguro, lo que hizo tras arrostrar innumerables peligros, al ocultarlos en la Mezquita del Imámzádih Zayd, en Teherán, donde permanecieron hasta la época en que, por orden de ‘Abdu’l-Bahá, fueron trasladados a Tierra Santa, donde encontrarían ya reposo permanente en las faldas del Monte Carmelo.
La atención de Amínu’l-Bayán se sintió atraída por las infrecuentes cualidades de nobleza y desprendimiento de uno de los creyentes, Ḥájí Abu’l-Ḥasan Ardakání, también natural de Yazd. Los vínculos de amistad que los unían se estrecharon a tal punto que se convirtieron en compañeros inseparables. Amínu’l-Bayán tomó a Ḥájí Abu’l-Ḥasan por ayudante y persona de confianza a su servicio en calidad de Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh. Ambos figuraban entre el primer contingente de peregrinos que, después de afrontar graves penurias y dificultades, lograron visitar a Bahá’u’lláh en ‘Akká. A su regreso a Irán, decidieron emprender juntos numerosos viajes, y fue en uno de estos recorridos, en 1881, cuando con motivo de una revuelta kurda fueron atacados y capturados, de resultas de lo cual Amínu’l-Bayán quedó gravemente herido. Bahá’u’lláh dio instrucciones de que, tras el fallecimiento de Amínu’l-Bayán, la función de Fideicomisario del Ḥuqúqu’lláh pasara a manos de su compañero y ayudante leal, Ḥájí Abu’l-Ḥasan, quien más tarde recibió el título de Amín (el Amín, Persona de Confianza) o Jináb-i-Ḥájí Amín.
Jináb-i-Ḥájí Amín fue una estrella resplandeciente que durante 47 años sirvió con celo y entusiasmo a la Causa en calidad de Fideicomisario del Ḥuqúqu’lláh, función en la que demostró magnanimidad, valor e increíble constancia. Durante el Ministerio de Bahá’u’lláh sufrió dos veces encarcelamiento por orden de Náṣiri’d-Dín Sháh y de su hijo Kámrán Mírzá. Durante su segundo encarcelamiento, en la prisión de Qazvín, a la que Bahá’ulláh hace referencia como Sijn-i-Matín (la Poderosa Prisión) en los versículos iniciales de la Tabla del Mundo, estuvo con la Mano de la Causa Ḥájí Ákhúnd. En esta prisión, Jináb-i-Ḥájí Amín también sufrió graves penalidades. Sus piernas estaban encadenadas y una cadena pendía de su cuello. Los carceleros, a fin de atormentarle, solían añadir aceite de ricino a la comida. Él, con la mayor resignación y sumisión, no manifestaba queja ni rechazaba el alimento, aparentando total normalidad al ingerirlo. Era un símbolo de magnanimidad y desprendimiento. Carecía de posesiones mundanas, no tenía hogar ni refugio propios. Su morada estaba en el corazón y el alma de los amigos bahá’ís, quienes le recibían y agasajaban con calor y amor. Cada uno aguardaba impacientemente su llegada, para disfrutar de la dulce melodía de sus oraciones y el cántico de las Tablas, el anuncio de las buenas nuevas y los ánimos de que era portador. Cada día solía despedirse de una familia para pernoctar en el hogar de otra, iluminando así con su presencia una reunión más. El suyo era un movimiento continuo. Recorría la mayoría de las ciudades iraníes en calidad de persona de confianza de numerosos bahá’ís que recababan su consejo en cuestiones personales.
Entre los innumerables viajes que realizó Ḥájí Amín figura su visita a París, donde alcanzó la presencia de ‘Abdu’l-Bahá. Durante su dilatada vida presenció los últimos once años del Ministerio de Bahá’u’lláh, los veintinueve años del Ministerio del Centro de la Alianza y siete años de la Guardianía de Shoghi Effendi. Hacia el final de su vida enfermó, quedó debilitado y postrado en cama, viviendo en casa de su amigo y ayudante, Ḥájí Ghulám Riḍá, quien por expreso deseo de ‘Abdu’l-Bahá había sido designado sucesor suyo en calidad de Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh. A su muerte, ocurrida en 1928, el Guardián le nombró a Jináb-i-Ḥájí Amín Mano de la Causa de Dios.
El tercer Fideicomisario del Ḥuqúqu’lláh, Ḥájí Ghulám Riḍá, recibió el título de Amín-i-Amín (Fiduciario del Fiduciario). Esta alma distinguida había nacido en el seno de una acaudalada familia de comerciantes de Teherán y había sido educada para disfrutar el asueto y comodidades correspondientes. En su juventud, el afán por descubrir las realidades espirituales le llevó al estudio de la religión comparada y, así, mientras realizaba sus negocios, se aventuró a procurar la presencia y contacto con los seguidores y dirigentes de la religión. Desalentado por lo que encontró, quiso indagar sobre la Fe bahá’í, de la que tuvo noticia por su secretario. Las pesquisas pronto le llevaron a un estudio serio de las Tablas y Escritos sagrados, hasta que al fin su corazón quedó iluminado con la luz de la fe. Tras abrazar la Causa, Amín-i-Amín se entregó a las actividades bahá’ís y, a la edad de 32 años, abandonó el comercio para entregarse totalmente al servicio de la Fe. Desarrolló un apego especial por Jináb-i-Ḥájí Amín, de quien se convirtió en auxiliar constante. Con el tiempo recibió una Tabla de ‘Abdu’l-Bahá en la que le instaba a emular a Jináb-i-Ḥájí Amín y le nombraba Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh. Siempre consciente de las responsabilidades que acarreaba esta nueva función, se hizo cargo con la máxima solicitud de Jináb-i-Ḥájí Amín en lo que le quedó de vida.
Mientras Amín-i-Amín fue Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh, su hogar se convirtió en foco de reuniones de los amigos. Fue durante su mandato en calidad de Fiduciario cuando se adoptaron los primeros pasos para el registro de las propiedades y fundaciones bahá’ís en Irán, por cuya protección y preservación se desvivió. En 1938 cayó enfermo y falleció un año después.
El cuarto Fideicomisario del Ḥuqúqu’lláh, nombrado para este puesto por el amado Guardián, fue Valíyu’lláh Varqá, el tercer hijo de Varqá, el mártir. Nació en Tabríz y, tras el martirio de su padre y hermano, fue criado desde la infancia por su abuela, una musulmana acérrima, poderosa y fanática que hizo cuanto pudo por sembrar en la primera juventud del muchacho la simiente de la inquina hacia la Fe. Al alcanzar los 16 años, su tío, titulado Akhu’sh-Shahíd (el Hermano del Martír), consiguió apartarlo de aquella atmósfera asfixiante de prejuicios para trasladarlo a su hogar en Míyánduáb. Fue allí donde le presentó la Fe bahá’í y sus enseñanzas, abriendole a Valíyu’lláh Varqá un nuevo mundo. Tan prendido quedó del amor de la Fe que sin preparación alguna decidió marchar de peregrinaje en compañía de un buen amigo. Sin embargo, no aprobó esta iniciativa su Asamblea Espiritual Local, que antes bien le indicó que fuera a Teherán para juntarse con su hermano mayor, Jináb-i-Azízu’lláh Varqá.
Tras su paso por la escuela de Teherán, se cumplió el anhelo de Valíyu’lláh Varqá por ver realizada su peregrinación, seguido de lo cual acudió a la Universidad Norteamericana de Beirut, donde amplió su conocimiento de las enseñanzas bahá’ís bajo la guía de ‘Abdu’l-Bahá durante las vacaciones estivales. En esta época cursó una visita a Irán por encargo del Maestro. Más adelante y en calidad de intérprete acompañaría al Maestro en Su histórica travesía por Europa y América. Acabada la gira, regresó a Irán, donde prestó servicios inestimables en la Asamblea Espiritual Local de Teherán, en numerosas instituciones administrativas bahá’ís y finalmente en la Asamblea Espiritual Nacional. Siguieron después sus servicios leales y devotos en calidad de Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh, a los que dedicó diecisiete años, período en el que la observancia de la ley del Ḥuqúqu’lláh se difundió por Irán de modo que más y más amigos pudieron cumplir su obligación ofreciendo grandes sumas y numerosas propiedades. A fin de poderse dedicar por entero a esta sagrada empresa, Valíyu’lláh Varqá dejó el empleo que había venido ejerciendo.
En 1951 Valíyu’lláh Varqá figuraba en el primer contingente de creyentes eximios elevados por Shoghi Effendi al rango de Mano de la Causa de Dios. Ello le valió nuevas oportunidades de reunirse con los amigos y animar sus corazones con noticias de las victorias que se estaban consiguiendo en las labores de enseñanza, especialmente durante la Cruzada de Diez Años, la cual se inauguraría el Riḍván del año 1953. Sus memorables servicios culminaron con la realización de su tan ansiado deseo: visitar al amado Guardián.
De regreso ya a Irán de su peregrinación, se agravó una afección que arrastraba y por cuyo motivo debió recibir tratamiento en el hospital de Tubinga, Alemania, donde fue operado. El tratamiento, no obstante, no surtió efecto y en noviembre de 1955 concluía su noble vida.
En el telegrama que anunciaba el fallecimiento de Valíyu’lláh Varqá, Shoghi Effendi añadía: «Su cargo de Fiduciario Ḥuqúq pasa ahora a su hijo ‘Alí Muḥammad. [...] Nuevo Fiduciario Ḥuqúq elevado ahora rango Mano Causa.»
Justo dos años después del nombramiento de Alí-Muḥammad Varqá para tan onerosa tarea, él y sus compañeros Manos de la Causa de Dios tuvieron que afrontar los acontecimientos desgarradores que rodearon el fallecimiento del amado Guardián, debiendo guiar al mundo bahá’í entero a la victoriosa conclusión de la Cruzada de Diez Años, la cual culminaría con la formación, en Riḍván 1963, de la Casa Universal de Justicia.
En el periodo siguiente a la elección de la Casa Universal de Justicia se produjo toda una marea de tribulaciones y persecuciones que afligieron a la comunidad bahá’í de Irán, causante de inmensos problemas relacionados con la salvaguarda y venta de las propiedades donadas en concepto de Ḥuqúqu’lláh, así como con la multitud de otras tareas históricas que le habían correspondido a ‘Alí-Muḥammad Varqá en su condición de Mano de la Causa de Dios. Los planes posteriores de enseñanza provocaron un flujo de pioneros desde Irán a todos los rincones del mundo, lo que hizo necesario que el Fiduciario del Ḥuqúqu’lláh designara Diputados y Representantes en numerosos países más allá de las fronteras de Irán, así hasta que la institución estuvo representada en todos los continentes.
En julio de 1984, la Asamblea Espiritual Nacional de los Estados Unidos daba cuenta de los acontecimientos electrizantes que habían tenido lugar al cerrarse la sesión de la Convención Nacional anterior (abril de 1984). Los delegados y otras personas presentes expresaban entonces su deseo de que la Ley del Ḥuqúqu’lláh fuese aplicada a todos los creyentes de los Estados Unidos. Si bien la Casa Universal de Justicia creyó que «todavía no era oportuno aplicar tan poderosa ley en Occidente», no obstante envió a los creyentes de los Estados Unidos y otros países de Occidente la traducción al inglés de una compilación de textos que les permitiría cobrar conciencia de sus alcances. Fue éste el primer paso en el proceso de aplicación de esta ley de Dios en las comunidades bahá’ís occidentales. Comenzaba así un período de educación bien difundida entre los creyentes de Bahá’u’lláh en lo que respectaba a la ley del Ḥuqúqu’lláh.
Más adelante, en su mensaje de Riḍván 1991, la Casa Universal de Justicia comunicaba: «Con humildad ante nuestro soberano Señor, anunciamos ahora que desde Riḍván 1992, comienzo del Año Santo, la ley del Ḥuqúqu’lláh, el Derecho de Dios, comenzará a ser de aplicación universal. Se insta amorosamente a que todos la observen.» El Día de la Alianza, 26 de noviembre de 1991, la Casa de Justicia anunciaba además: «Se ha establecido la Oficina del Ḥuqúqu’lláh en Tierra Santa bajo la dirección del Fiduciario Principal del Ḥuqúqu’lláh, la Mano de la Causa de Dios ‘Alí-Muḥammad Varqá, en previsión de la aplicación mundial de la Ley del Ḥuqúqu’lláh, que tendrá lugar el próximo Riḍván.» Tras la promulgación universal subsiguiente de la ley, ha ido en aumento el número de creyentes que responden a este llamamiento de la Casa de Justicia. De este modo, y de forma progresiva, ha ido cobrando cuerpo el grueso de los «medios materiales» necesarios para el «progreso y promoción de la Causa de Dios» a escala mundial.
En 1995, se producía el primer vídeo sobre el Ḥuqúqu’lláh, al que siguió un segundo vídeo en 2001. Asimismo, también se ha publicado en diversos idiomas del mundo un conjunto de materiales educativos. Aparte, otro paso significativo ha consistido en la creación del sitio Web de la institución del Ḥuqúqu’lláh, que ofrece una rica gama de materiales educativos, sitio que fue inaugurado el Día de la Alianza en noviembre de 2001 «exclusivamente para uso de los miembros de la institución del Ḥuqúqu’lláh en todo el mundo», tal como especificaba la Casa Universal de Justicia.
En relación con la rápida y dinámica expansión de la organización de la institución del Ḥuqúqu’lláh, ha ido implantándose por todo el mundo una red de Juntas de Fiduciarios en los ámbitos continental, regional y nacional, y de Diputados y Representantes del Ḥuqúqu’lláh. Estos avances continuarán en el futuro próximo, tal como preveía la Casa Universal de Justicia al afirmar que la «institución del Ḥuqúqu’lláh [...] se extenderá y florecerá en los siglos venideros, proporcionando así recursos materiales que son imprescindibles para el avance de la raza humana».
Huqúqu’lláhTranslation of an enclosure titled “The Development of the Institution of Ḥuqúqu’lláh”, revision of April 2002 (575908.enc).
El desarrollo de la institución del Ḥuqúqu’lláh Revisado abril de 2002
página 2